Protectora de sueños


—Voy a montar una oenegé.
—¿...?
—Como lo oyes, sí, voy a montar una oenegé.
—Tú siempre con inventitos... Anda, no inventes, no inventes.
—¿Cómo que no invente? ¿Tú qué vas a tomar? Yo quiero una clara con gaseosa.
—Yo un café solo con hielo, que aún no son horas de alcohol.
—Pues sí, una oenegé. ¿Qué problema hay? Ya es hora de que le devuelva al mundo y a la vida todo lo que me ha dado.
—Adelante. Tú misma.
—No vamos a ser todos tan míseros y egoistas como tú, que solo piensas en ti, majo.
—No me jodas, eh. ¿Y se puede saber de qué va a ir tu oenegé? Porque a mí me parece que ya está todo cubierto. No sé qué más se puede inventar.
—Va a ser una protectora.
—¿Una protectoraaaa? ¿Animaaaales? Pero tú estás loca. Eso te va a costar un ojo de la cara, niña, piensa un poco, a ver de dónde vas a sacar la pasta para montarla.
—No, no, de animales, no. Y ya estás hablando de dinero otra vez, pesao.
—¿Entonces, de qué? ¿De qué narices va a ser una protectora si no es de animales? ¿De plantas? ¿De abuelos? ¿De la tercera edad? Vaya, vaya, vaya, cómo está el patio, mimá, amiga de la humanidad; el camarero aún no te trajo la clara y ya se te subió a la cabeza la gaseosa.
—....
—Habla, habla, mujer, ahora no te enfurruñes. Es que no se te puede decir nada, chica.
—...
—Venga, va, cuéntame qué protectora vas a montar.
—Una protectora... de sueños.
—...
—No me mires así...
—¿De sueños? Tú estás borracha.
—Sí, una protectora de sueños.
—¿Pero cómo que una protectora de sueños, coño?
—Sí, una protectora de sueños abandonados.
—¡Camarero! ¡Una lavativa y un lexatín, por favor! ¡Nos urge!
—Boh, eres un tonto. No se te puede contar nada.
—¡Mujer! ¿Qué querías que te dijera!
—¡Pero mira a tu alrededor! ¿No los ves?
—¿Ver qué? ¿A ti hoy qué te pasa?
—Tu problema, prosaico que eres, es que tú ves, pero no miras, simplón de las narices.
—Prosaico, prosaico, ¿qué cojones significa prosaico? A mí me hablas en cristiano, eh. Cuidadín.
—Baja ese dedo y mira, mira en la terraza de esta cafetería. ¿De verdad que no ves cuántos sueños abandonados hay? Alguien se tendrá que hacer cargo de ellos. Alguien tendrá que recogerlos y mantenerlos con vida.
—Tú estás loca, chica.
—Y mira calle abajo, fíjate: por ahí va uno, mira, mira... ese sueño... uno que quería ser arquitecto y diseñar casas únicas. Y mira para él ahora: ahí lo va, cabizbajo.
—...
—Y fíjate en ese otro sueño: el sueño de ver mundo, recorrer países y despertarse cada día en un sitio distinto. Y ahí tienes al pobre sueño... triste y solo, dejado de la mano de Dios. Seguro que la que lo abandonó no va ni de vacaciones.
—Flípaslo, nena.
—¡Y mira ese otro! ¡Mira!
—¡Coño, no me agarres tan fuerte el brazo, que me estás clavando las uñas!
—Ay, fíjate en ese sueño, pobrecito: la ilusión de ser la concertino de una orquesta sinfónica, volar por el aire con las notas, fluidamente, sin esfuerzo... Pobrecita la que lo dejó abandonado en una gasolinera: seguro que ahora tiene que aguantar a un gordo seboso como tú, soso y aburrido.
—¡Qué paciencia hay que tener!
—Estoy decidida, voy a montar mi oenegé, mi protectora.
—Chavala, tú...
—¿Y sabes a quién le vendría mejor que a nadie, insensato? A ti, cabeza hueca. A ti, que no tienes ambición ninguna, ningún objetivo, que dejas pasar las horas, idénticas una tras otra, engordando.
—Déjame en paz de una vez.
—Qué falta te haría venir a mi protectora y llevarte un sueño. ¡Pero qué falta, chico!

Así es... o no...

Comentarios

  1. ¡Qué ganas de volver a leer algo estupendo! ¡Qué larga se ha hecho la espera! Pero mereció la pena, maestro. Gracias.

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  2. Podría yo contar todos los sueños que me dejo en la almohada. Pero no quiero. Los voy a mandar a la protectora. 👏👏👏

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    1. Cuenta, Itos, cuenta... Muchas gracias por tu comentario. :)

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