Nosotros mismos en Navidad


«Además de verdad», una sección por David Araújo Bermejo

Me gusta pensar que la Navidad nos muestra tal como somos. Que, a lo mejor, los buenos deseos, el altruismo, el perdón, la solidaridad y todos esos sentimientos bondadosos no son fruto de la hipocresía que hemos acordado en suponer que reina en estas fechas.

¿Y si es el resto del año cuando somos hipócritas? ¿Por qué no creer, ahora que es la época de creer en todo lo bueno, que durante 11 meses nos ponemos el disfraz de cínicos, que fingimos ser orgullosos y desconsiderados y que nos cuidamos mucho de no mostrarnos sensibles, porque ha triunfado desde hace tiempo la idea de que la sensibilidad es signo de debilidad y que los débiles acaban siendo devorados?

Tenemos tan mal concepto de nosotros mismos que no dudamos en poner la etiqueta de falso a los supuestos buenos comportamientos, muchas veces merecidamente, cierto es. Pero en pocas ocasiones contemplamos la posibilidad de que una mala forma de actuar pueda ser fingida, producto de la hipocresía. Naturalmente, se me puede replicar que fingir que actúas mal ya es en sí una mala forma de actuar. Y no lo voy a discutir. Pero si concluyésemos que estamos representando una comedia cuando somos bordes, individualistas o arrogantes, si bien seguiríamos sin ser dignos de alabar por esta forma de proceder, nos quedaría un consuelo: nadie podría echarnos en cara que no somos de verdad cuando nos despojamos de estos atributos mezquinos y nos convertimos en las personas solidarias que tanto nos cuesta asumir que podemos ser.

Nos han metido en la cabeza que el recurso supremo para conquistar el espacio de mundo que tengamos opciones de conquistar es la inteligencia. Ser más listo que los demás. No siempre para entender al prójimo, sino para, en el mejor de los casos, que no te pisotee y, en el peor, para pisotear tú primero. Tú primero, siempre. Tú primero sé listo, que buena persona ya aprenderás a ser, y si acabas no siéndolo, tampoco va a pasar nada. Siguiendo mi tendencia a remitirme a símiles futbolísticos, «la primera patada (al rival, se entiende) la damos nosotros», recurrente grito de guerra antes de salir a jugar un partido. Y conforme vas creciendo, te das cuenta de que inteligencia se asocia cada vez más a descaro, sensibilidad limitada y, en la medida de lo posible, falta de susceptibilidad. La mansedumbre de corazón, aunque loable, es una rémora. Nadie criticará tu integridad, pero te darán a entender que es un peso del que puedes prescindir. Y, sobre todo, que no te tomen por tonto, eso nunca. Si el bueno, el ingenuo y el pusilánime se pueden llegar a confundir, esfuérzate por que tu imagen se aleje de cualquiera de ellos.

Creo que una de las frases que más daño ha hecho a la concordia social es la de «es tan bueno que es tonto». No, nadie que es bueno es tonto, o mejor dicho, sí que una buena persona puede ser tonta, pero una cualidad no es consecuencia de la otra. Asumamos que si somos tontos es porque no somos listos, sin más, no busquemos justificación en frases atávicas y, sobre todo, no pongamos freno al ansia de bondad. Qué manía de desacreditar al bueno y qué flaco favor a la predisposición a la magnanimidad.


La vida, esa tirana, nos ha hecho así. O, quizá, seamos nosotros los que pretendemos engañar a la vida, y aunque nos vestimos de indiferentes ególatras para ella, a la mínima ocasión nos desprendemos de ese traje que nos hace polvo. Igual es en Navidad cuando nos sentimos seguros y nos quitamos el disfraz. Igual solo somos buenas personas confundidas, temerosas de que nos hagan daño, buscando el momento propicio para quitarnos la careta.

Así que disfrutemos ahora. Disfrutemos de estas fiestas, disfrutemos de nosotros mismos y disfrutemos de los demás. Y convenzámonos de que no estamos disimulando, sino tomándonos un respiro, relajándonos, y siendo nosotros mismos.

Feliz Navidad. Mis mejores deseos para todos y muy especialmente para los que habéis dedicado algún ratito de vuestro tiempo a leer estos artículos, porque vosotros sois los que hacéis que tengan algún valor. Gracias por haber contribuido, con vuestro interés, a que el 2014 haya sido un buen año.

Así es... o no...

Comentarios

  1. Nosotros tus lectores somos los que te damos las gracias por amenizar nos las mañanas de los domingos, sabes que esperamos con ansia tus relatos. También para ti mi deseo de felicidad en estas fechas y en todo el año nuevo. Bicos

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  2. El corrector del teléfono se ocupa en poner lo que le da la gana, así que se empeñó en separarme un amenizarnos .

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  3. Gracias a tí, a Álvaro, a Irene y a todos los que habéis compartido durante éste año, vuestros artículos. Felices fiestas para todos y para cada uno de los que también dejáis aquí, vuestros comentarios. Permitirme que no comente nada sobre el artículo, pero éstas fechas... deseando que llegue el 7 de enero (ya falta menos). Gracias a todos por estar ahí. Un fuerte abrazo y un montón de besos para todos.

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  4. Gracias a ti chinés por enseñarnos a ver la vida con más humor. Felices fiestas y espero seguir leyéndote en 2015.

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  5. Gracias a tí. Leerte se ha convertido en una agradable rutina de las mañanas de domingo. También mis mejores deseos para tí y tu familia. Teniendo en cuenta las fechas, me pondré la careta de buena persona y dejaré la discrepancia para otro momento.
    ¡Felices fiestas!

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  6. Pues yo también quiero pensar que esto es así, y que algún año todos decidiremos no ponernos la careta de nuevo el 7 de enero. Gracias por todo lo que nos has dado este año; espero que podamos seguir contando con tus artículos también el próximo. Feliz Navidad a todos.

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  7. Feliz Navidad, David. Según el filósofo José Antonio Marina, la culminación de la inteligencia no es el conocimiento, como nos inculcan desde pequeños, sino la bondad.

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  8. Todo el mundo es bueno, pero trata de disimularlo.
    Interesante y nada descabellada teoría.
    Es más, para confirmarla me sacaré la careta de buena persona que llevo puesta todo el año y, mostrándome como soy en realidad, voy a criticarte como mereces.
    Siendo sincero, cada semana me resulta más complicado escribir un comentario a tus textos. Hay domingos en los que empiezo a escribir una decena de veces, le doy vueltas a tus frases, copio y pego, pego y cambio, cambio y corto. Últimamente me resulta imposible hilvanar media docena de palabras en un párrafo que pueda estar a la altura de los tuyos. Como esta no iba a ser una excepción, no le daré más vueltas. Como los buenos vinos tintos, mejoras con el tiempo. Domingo a domingo creces y tu nuevo texto es superior al anterior. El tema siempre es oportuno y la forma de desarrollarlo es cada vez más redonda. Por eso mi comentario de esta semana se reduce a desearte unas felices Navidades en compañia de tu familia y amigos. Las personas a las que queremos, estén cerca o lejos, estarán sentadas a nuestra mesa mientras las mantengamos en el recuerdo. Todos los escritores y lectores de este blog tendrán un huequecito en mi mesa en estas fiestas.
    Espero que el próximo año podamos seguir disfrutando de esas lecturas dominicales que se han hecho tan imprescindibles.

    ¡Brindo por ello!

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  9. Yo creo que el tema este es más profundo. Estamos manipulados hasta tal punto que sentimos miedo por todo y por miedo pensamos que hay maldad en todas partes. Hasta tal punto nos controlan con el miedo que instalamos alarmas en nuestras casas cuando lo cierto es que si dejáramos la puerta abierta seguramente solo a una persona de muchos cientos se le ocurriría entrar a robar. Nosotros sabemos que nosotros somos buenas personas y, en el fondo, sabemos que los demás también lo son. Pero nos manipularon para desconfiar y tener miedo y antes de quedar mal por ser demasiados desconfiados nos ponemos esa careta que comentas y nos mostramos ariscos y distantes, cuando olvidamos que vivimos en sociedad porque así somos más fuertes.

    Estoy de acuerdo con lo que escribes, pero me gustaría darle otra perspectiva al texto y a lo que somos durante el año... ¿No sirven las Navidades acaso para mostrar quiénes somos más o menos familiares? Me llama mucho la atención que se sigan considerando estas fiestas una oportunidad para estar en familia. Yo no lo considero así. Para mí esa oportunidad es cualquier día del año. ¿Muestran entonces estas fiestas mi verdadera cada de ser una persona poco familiar? Podría ser. Igual ir un domingo a casa de mis padres un rato no me molesta, pero pasar horas y horas durante las Navidades con toda la familia no me gusta mucho... jeje

    Feliz Navidad!

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  10. Muchas gracias a todos por vuestros interesantisimos comentarios, que, sin duda, amplían y aportan mucho al blog.

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