Lo fácil


«Además de verdad», una sección por David Araújo Bermejo

Hace pocas semanas el Ludogorets, equipo búlgaro de fútbol, conseguía clasificarse para la fase de grupos de la Champions League tras superar en los penaltis al Steaua de Bucarest. La circunstancia que otorga una trascendencia excepcional a este hecho es que fue su defensa central, Cosmin Moti, el que tuvo que ejercer de guardameta tras ser el portero titular expulsado casi al final de la prórroga, cuando en su equipo se habían realizado ya los 3 cambios permitidos por el reglamento.

Moti paró dos penaltis, el Steaua fue eliminado y los dos jugadores a los que detuvo sus lanzamientos pasaron a convertirse en el blanco perfecto de escarnios y burlas. ¿Cómo se puede fallar un penalty ante un no portero?

Entonces recordé un relato corto de Fernando Trías de Bes:

Un faquir, después de ejercitarse concienzudamente para actuar, cuando llegó la fecha de su debut consiguió tragarse cinco espadas hasta la empuñadura, se comió unos trozos de vidrio como si fuesen mendrugos y se estiró sobre una alfombra de clavos mientras tres hombres saltaban repetidamente sobre su abdomen. Todo sin el más mínimo gesto de dolor, sin inmutarse.
Al acabar la función, le hicieron entrega del clásico ramo de flores con que se obsequia a los artistas. Eran rosas. Al tomarlas, se pinchó con una espinita y exclamó:
—¡Ay! —apartó la mano, dejó caer el ramo sobre el escenario y se chupó el dedo.
—¿Y eso? —preguntó el presentador, todavía ante el atónito público.
—Eso... no lo esperaba.


Paradójicamente, suele ocurrir que nos cuesta más encarar situaciones complicadas pero predecibles que otras que se nos presentan como percances triviales,  pero que surgen de manera imprevista. Cuántas veces en un examen la pregunta más sencilla es la que más nos atormenta. No sólo porque desconfiamos por defecto de lo simple vemos en toda piel de cordero un lobo sino porque pensamos que lo fácil, además, se acaba resolviendo por el peso de su propia sencillez y no nos hemos preparado para enfrentarlo.

En EGB el profesor de matemáticas nos entregó un control, ya corregido, de cálculo. Mi nota era un 0. Me sorprendí, puesto que tenía la idea de que había hecho un buen ejercicio. Efectivamente, comprobé que todas mis operaciones eran correctas y concluí que el profesor se había olvidado de escribir el 1 delante del 0. Así que hablé con él con determinación y suficiencia: «profe, mire, se equivocó, tengo todo perfecto». Mirándome seriamente me dijo: «¿está seguro de que me equivoqué?» Volví a repasar mi examen e insistí: «está todo como lo que usted ha puesto en la pizarra», a lo que respondió «no sé si está todo como en la pizarra, porque usted no ha puesto la tilde en su apellido, y no he seguido corrigiendo; una persona que no sabe escribir bien su nombre no merece que sigan leyendo lo que escribe».

Con frecuencia hacemos una inversión tan fuerte de energía para resolver lo complejo que lo viable queda totalmente desatendido. ¿Por qué nos sentimos incómodos discutiendo con un niño cuando nos plantea un razonamiento simple y conciso? Llevamos el as preparado para matar al tres en previsión de la intricada lógica de los adultos y, de repente, una mente infantil nos puede descolocar desde la sensatez, con una pregunta simple, a la que no tenemos más respuesta que «»lo entenderás cuando seas mayor».


Descuidamos lo fácil, sí, y los descuidos tienen consecuencias. Pero aunque no lo descuidemos, lo fácil puede suponer una presión añadida. ¿Por qué somos capaces de aparcar el coche al primer intento entre dos vehículos que apenas dejan espacio y en cambio nos cuesta tanto acercarlo a la acera cuando disponemos de un hueco en el que entrarían 2 camiones?

Para que todo vaya bien, lo complicado tiene que ser nuestra referencia, nuestra constante, igual que Desmond Hume, si algo iba mal, era la constante en aquel inolvidable capítulo de Perdidos.

Entiendo perfectamente a los jugadores del Steaua: hubieran preferido tirarle el penalty al mejor Casillas de hace unos años que al susodicho Cosmin Moti. El miedo al ridículo paraliza bastante más que la tensión de encarar un desafío arduo. Todos hemos pasado por esto en algún momento. Todos hemos sentido pavor ante lo fácil y, además, o quizás por ello, lo descuidamos.

Así es... o no...

Comentarios

  1. Cierto que es complejo enfrentarse a lo inesperado por muy sencillo que sea lo que se nos plantea. Aunque a veces es más gratificante. No esperaba hoy ningún texto en el blog. Encontrármelo de improviso me ha sorprendido gratamente al tiempo que me ha obligado a buscar diez minutos para leerlo y comentarlo. Es domingo y sobran minutos, diez y doscientos, pero el hecho de no estar preparado puede hacerme fallar el penalti.
    Eso sí, lo que no es ninguna sorpresa es lo cabroncetes que pueden llegar a ser algunos profesores, sobre todo cuando existen las dos pronunciaciones del mismo apellido: con hiato y con diptongo.
    Las mañanas de los domingos recobran la normalidad. Estaré preparado para el próximo.
    Enhorabuena una vez más.

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  2. Hoy no he tenido ni un minuto libre, pero ahora que parece que puedo disponer de unos minutos para mí, he echado una ojeada, y sí, habían vuelto los preciados artículos de los domingos, gracias por ello.
    Creo que salvo raras excepciones siempre hay miedo a preguntar, sea del tema que sea, puede ser por timidéz o tan sólo por tener miedo a la contestación. Evidentemente no ocurre lo mismo con todo tipo de preguntas. Pero es bien cierto que una sencilla pregunta, puede conllevar una dura respuesta. Estoy extrapolando tu exposición sobre el profesor, hacia otros temas cotidianos. Gracias por estar ahí, y por regalarnos un domingo más, un artículo de primera. Y gracias porque sin saberlo, has conseguido que durante unos pocos minutos, pueda desconectar y relajarme. Enhorabuena!

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  3. Interesante (y cargada de razón) reflexión ;-)

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  4. Muchas gracias a todos por los comentarios.

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  5. Por fin, después de un domingo dedicado a la brocha gorda, he podido leer el habitual y esperado artículo dominical con el que suele deleitarnos David.
    Cómo siempre interesante y ameno. Enhorabuena, aunque he de decir que con lo del aparcamiento me has sacado los colores.
    Gracias por amenizarnos las mañanas de domingo, bueno en ésta ocasión mi tarde-noche de lunes.

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