Profesionales... y profesionales


José-Miguel Ullán. Asoma
tras su hombro derecho el María Moliner...
Son poco más de las once de la noche del 5 de mayo de 1984. La batalla del Bernabéu acaba de terminar en la primera. Aún no sé cómo, pero había logrado imponerme a mi madre y a la buena de Carmen, la vecina, que estaba interesadísima en venirse a ver en nuestra tele en color los vestidos de las cantantes...

...Porque a la misma hora del fútbol, en el UHF el poeta José-Miguel Ullán, un profesional culto e ilustrado, literalmente un sabio fuera de lugar, comentaba con gracia y talento infinitos en el XXIX festival de Eurovisión el triunfo de los hermanos suecos Herreys (tres mozalbetes rubiales con caparazón de saltamontes, inmóviles pestañas y sonrisa ecológica. Su habilidad suprema, cruzar las piernas (...) y dicen así: Rayos y centellas, cosa milagrosa. Qué suerte, qué suerte, tienes mucha potra) con la canción Diggi-Loo Diggi-Ley, según muchos especialistas, una de las peores ganadoras del Festival a lo largo de su historia. España había enviado al grupo Bravo (pero... ¿alguien se acuerda de ellos?), e Italia nada más y nada menos que a Franco Battiato acompañado de Alice con una canción muy decente, la favorita, I Treni di Tozeur.

Mientras más de media España era testigo del triunfo de las onomatopeyas vikingas sin captar toda la profundidad, riqueza y sorna de la narración de Ullán (por entonces no existían los audímetros, pero hay medios que afirman que el festival pudo haber tenido más audiencia que el fútbol), al Bernabéu llegaban los ánimos calentitos tras el cruce de declaraciones cariñosas entre Maradona y Clemente a raíz de la entrada de Goikoetxea que unos meses antes había lesionado de gravedad al argentino.

Zubizarreta, Goikoetxea, de Andrés, Núñez, Urkiaga, Liceranzu;
Dani, Patxi Salinas, Endika, Urtubi y Argote.
El Athletic se adelantó muy pronto en el marcador, antes del cuarto de hora, por medio de Endika. A partir de ahí los vascos emplearon las armas de que disponían para contrarrestar el mayor talento de los azulgranas, a los que consiguieron desquiciar y finalmente vencer: fuerza, en ocasiones dureza, y constantes parones e interrupciones en el juego. El partido en sí no pasó a la historia por su calidad, aunque sobre el césped había jugadores de la finura de Schuster, Sarabia, Dani o el ya citado Maradona en su último partido con el FC Barcelona antes de marcharse al SSC Napoli. Con el ambiente previo y la presencia de angelitos como Tarzán Migueli, Clos, Goikoetxea, Rocky Liceranzu, Popeye Alexanko, Julio Alberto o un jovencísimo Patxi Salinas, no hacía falta mucho para que en un partido de aquella relevancia se montase tarde o temprano una gorda.

Miguel Ángel Sola cae al suelo, conmocionado y con un labio roto,
tras recibir en plena cara un rodillazo violentísimo de Maradona.
Decía que mientras más de media España presenciaba un nuevo fracaso eurovisivo, el resto asistía a la batalla campal en la que, al señalar Franco Martínez el final del partido, se enzarzaron prácticamente todos los jugadores del Athletic Club y del Barcelona. Ninguno tiene disculpa, pero tras volver a ver ahora bastantes vídeos no puedo dejar de destacar para la selección de la infamia a Maradona, a Migueli y a Clos...

Un profesional concienzudo y aplicado en plena faena...
Y, sin embargo, lo que me dejó a mí atónito aquella noche no fue el comportamiento de los jugadores, algo que ya se veía venir y no podía sorprender a nadie, sino el de uno de los muchos fotógrafos que pululaban por el césped intentando reflejar todo lo que ocurría. Por entonces apenas había controles de seguridad a la entrada de los estadios ni había tantos objetos prohibidos, de modo que en medio de toda aquella refriega cayó una verdadera lluvia de almohadillas y de latas de bebida desde las gradas. Una de aquellas latas impactó de lleno en la cabeza de un fotógrafo, que cayó redondo al suelo. A menos de dos metros de él fue testigo del impacto brutal otro fotógrafo... tan, tan profesional y dedicado, que se llevó la cámara a la cara, enfocó a su compañero descalabrado sobre el suelo y, durante lo que a mí en aquel momento me parecieron unos segundos eternos, no paró hasta agotar el carrete. Solo entonces, cuando ya no podía hacer ni una solo foto más, aquel gran profesional se agachó e intentó atenderlo...

Más o menos al mismo tiempo, a punto de empezar las votaciones del festival de Eurovisión, José-Miguel Ullán decía: déjense ir del improperio al piropo, más jaleo han armado los de la Final de la Copa. Recién se había presenciado una exhibición de violencia crudísima, atroz, producto del calentón del momento, pero a mí lo que más me soliviantó, tanto que sigo recordándolo 30 años después, fue la actitud más cruel, fría, inhumana, egoísta, despiadada y violenta de todas: la del fotógrafo. Y es que hay profesionales... y profesionales.

Así es... o no...

Comentarios

  1. Chocarían los del Athletic contra Maradona, porque es imposible lo contrario! Los periodistas, en su mayoría, tienen sus prioridades muy claras, y dejar la cámara para ayudar no está de las primeras. Gracias, como siempre, por hacer mis desayunos más agradables

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  2. Discrepo, el fotógrafo ayudó a su colega cuando finalmente vió que de su cabeza no salía masa encefálica. Y en cuanto al partido no podía acabar de otra manera. ¿A quién se le ocurre mandar a arbitrar un partido entre vascos y catalenes a Franco? El festival de Eurovision ni lo vi.

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  3. En 1984 el fotógrafo descargó el carrete de su cámara antes de auxiliar al compañero. En 2014, azuzado por cualquiera de los actuales gurús del "periodismo deportivo", sobre todo el ejercido desde algunos medios televisivos, antes de descargar el carrete le descargaría con la cámara y hasta con el trípode para que la sangre manase con tanta abundancia como para intentar robarle protagonismo en los titulares al último peinado de CR7. En el 84 el fotógrafo exprimió todo el jugo a la noticia que ocurría ante su objetivo. En el 14 nos sacian con litros y litros de néctar, todo agua y azúcar, para crear historias que no existen.
    Virgencita, virgencita, que me quede como estoy.
    El fotógrafo de la final de copa de 1984 antepuso la noticia a la ética. Hoy algunos anteponen el titular, cierto o no, a la noticia.

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