Los zapatos nunca mienten


The eyes can mislead, the smile can lie...
but the shoes always tell the truth.

Conozco a una señora muy digna y muy seria, cachazuda y asténica en sus andares y labores hasta la desesperación, con un suspiro profundo de hastío y fatiga siempre colgado de la comisura de sus labios finos, muy estirada e impecable dentro de sus posibilidades... pero desconcertantemente todos sus zapatos, ninguno totalmente plano, están rozados, casi se podría decir erosionados, por la punta y por el tacón. Todos.

Prestan los anglosajones al calzado una atención superior, me parece a mí, a la que le prestamos los de pagos más meridionales, italianos aparte, que por algo son los reyes del aparentar. Y así se lo oí por primera vez a un profesor irlandés, zocas, desleixado e tangaleirón (perdonen la descripción en gallego, pero no encuentro palabras mejores) que tuve en una academia de idiomas hace por lo menos ocho lustros: shoes tell a lot about a person, lads.

En 1993, para paliar el aburrimiento del servicio militar obligatorio —sí, españoles, ya no quedan hombres—, iba yo con frecuencia al cine y se me quedó grabada una escena de la película Los fisgones (Sneakers) en la que al protagonista, Robert Redford, le avisan de que llegan clientes a su oficina. Su reacción inmediata fue preguntar por sus zapatos, para saber qué atención merecían y cómo debía tratarlos:

—We've got customers. 
—Shoes? 
—Expensive.

Paradójicamente, esta señora que conozco yo —verdadera versión femenina del A gentleman will walk, but never run— pone un pie por delante del otro al caminar con mucha calma y parsimonia, y nunca se le ha visto tropezar ni literal ni figuradamente...

...Y el mismo paradojo, que yo tardé mucho más de lo deseable en detectar, se da entre su discurso y su proceder, entre sus palabras y sus hechos. Si el día que la conocí le hubiese mirado a los pies en lugar de mirarle a la cara, lo habría descubierto al instante, porque...

... La mirada puede engañar, la sonrisa puede mentir, pero los zapatos siempre dicen la verdad.


Así es... o no...



Comentarios

  1. Los zapatos! es en lo segundo que me fijo de las personas, no sé muy bien el porqué, pero siempre me fijo primero en las manos, segundo en los zapatos y tercero en los ojos. Creo que los zapatos al igual que las manos, pueden decir bastante de una persona. Evidentemente no me refiero a si son bonitos o caros, sino simplemente al cuidado de los mismos, lo mismo me ocurre con las manos, y podría decir que mas que los ojos, la mirada. Las primeras conclusiones que se sacan de una persona, suelen ser erróneas, pero analizando éstas 3 cosas, no me suelo equivocar demasiado. Los zapatos al igual que las manos o una mirada, dicen bastante de nosotros. Enhorabuena!

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  2. Los zapatos son también la segunda cosa en que me fijo cuando conozco a una persona. Salvo que dicha persona sea un hombre, que entonces son la primera. :-)

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  3. A mi me encantan los zapatos, pero reconozco que estando descalza soy la mujer más feliz del mundo, así que buscaros otra cosa en la qué fijaros... y sigo diciendo lo mismo, los ojos!!

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  4. Pobrina de mí, siempre voy con zapatos viejos y derrengados por que cuando están así es cuando más cómoda me siento, pero no os imagináis cuánto tengo que sufrirlos hasta que los tengo adaptados. Bicos

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  5. A partir de ahora pondré más atención en el calzado, pues. Me encanta el artículo, curioso y bien elaborado, pero no me fijo para nada, o poco, en lo que calzo ni en lo que calzan. Y me parece excesivo, perdonadme, que os llegue para juzgar a alguien un aspecto tan superficial. Se le podría dar la vuelta y pensar: este tío le dedica mucho tiempo a los zapatos, a saber a qué se lo está quitando:)

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  6. Gracias a todos por vuestros comentarios, por vuestras visitas, por vuestra participación y por vuestro tiempo. Muchas gracias.

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  7. Pues no amigos. Ni yo me fijo en los zapatos de los demás (salvo que destaquen muchísimo); ni yo pongo mucho cuidado en mis zapatos. Como dice un comentario anterior, busco la máxima comodidad en ellos.

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