Desconfiando de la luna


«Además de verdad», una sección por David Araújo Bermejo

Se acaban de cumplir 45 años de la llegada del hombre a la Luna. Como dice en un tweet Tomás Roncero, que es periodista aunque cueste asumirlo, «45 años de la PRESUNTA llegada». Podría utilizar otra palabra, pero a él le gusta lo de presunta y oye, también dice que Alemania ganó el Mundial gracias al Madrid, porque los jugadores del Bayern aprendieron la lección que el equipo merengue les dio en las semifinales de Champions.

En fin, el caso es que Roncero, como muchos otros, no se cree, o al menos no está seguro, de que Neil Armstrong y un tal Aldrin se dieran un paseo por la superficie lunar. Era la época de la Guerra Fría entre las dos grandes potencias mundiales y una de las armas más recurrentes era la propagandística. Y nos lo contaron los yanquis, de los que, aun a día de hoy, recogemos cualquier información poniéndole un asterisco que nos remite a un pie de página en el que leemos ¿nos la estarán metiendo doblada? Hay gente convencida (hay que ser también retorcido para estar convencido de ciertas cosas) de que el ataque a las Torres Gemelas fue argüido por la propia Administración de EE UU para procurarse un motivo legítimo y poder ejecutar una estrategia militar y económica planificada mucho tiempo antes.

Lo dicho, lo supimos por los norteamericanos, y yo tampoco puedo dejar de ser escéptico sobre aquello en lo que están implicados y aun en lo que aparentemente no lo están, porque siempre se acaban presentando. Desaparece un avión comercial y otro es derribado de forma inexplicable y a mí me sale una tormenta de ideas sobre conspiraciones estadounidenses: ¿quién iría en ese avión, sobre todo si es un grupo (científicos, informáticos, etc…)? ¿Qué repercusiones tendrá esto, a quién beneficiará y, sobre todo, a quién perjudicará?

Pero mi problema no son los EE UU, sino este gen gallego que ha sido transmitido de generación en generación a través de antepasados desconfiados. A lo mejor dentro de no mucho tiempo hay que cambiar la teoría de la selección natural de Darwin y decir que los que sobreviven no son los más fuertes, sino los más desconfiados. Porque el mundo nos acaba dando la razón. Y aquello nos lo contaron los yanquis, pero si lo hubieran hecho otros encontraríamos también motivos para insertar la duda en la crónica de los hechos.

Porque si nos cuentan, o mejor dicho, si contamos los acontecimientos que se ajustan a la realidad que nos conviene, los soltamos como si padeciéramos una diarrea expresiva y, por el contrario, adolecemos de un estreñimiento que a duras penas nos permite explicar lo que no se corresponde con nuestros intereses. Lo que costó decir a un gobierno «no ha sido ETA» en aquel fin de semana de infame recuerdo. Boquita pequeña y mirada de derrota, como si la tragedia fuera, más que la masacre en sí, que los autores de ésta no fueran a llenar de razón su estrategia política. Lo que costó a otro gobierno llamar crisis a la crisis; lo importante es tapar, no buscar soluciones, el pueblo que coma mierda pero que no nos salpique, y si hay que decir recesión o hablar de ciclo económico se dice, como si a un parado o a un desahuciado le fuese a importar que su angustia del desempleo y la amenaza de ser un sin techo la provoque una crisis o una recesión o una aurora boreal. En definitiva, que nos contaron la verdad cuando no les quedo otro remedio porque ya todo el mundo conocía esa verdad como si la pariera o, más bien, como si ella nos pariera a nosotros. Entonces las mentiras se destinan a justificar por qué no se pudo decir antes esa verdad, el «con los datos que teníamos…», «nos limitamos a exponer los hechos…»

Vamos, si hemos llegado a oír ya lo de «no cumplí mis promesas por culpa de la realidad», así, con todo el cinismo. No te jode, Perogrullo a tu lado era un científico descubridor. No quisiera entrar en temas metafísicos, pero yo diría que la realidad, por definición, tiene la culpa o el mérito de todo lo que pasa. Pero volviendo al autolegitimador de mentiras ¿yo cómo sé que ahora no me estás mintiendo también por culpa de la realidad? (Sí, ya sé que no cumplir una promesa y no mentir no es exactamente lo mismo, pero ya os digo que todos exageramos o adaptamos los hechos a lo que nos conviene y yo no soy menos). O, como en las frases paradójicas, una vez que reconoces que mientes, ¿cómo estoy yo seguro de que esa frase en sí misma no es un embuste, o parte de ella, es decir, seguro que la primera parte de la sentencia («No cumplí mis promesas») es verdad, porque yo lo he visto, pero «por culpa de la realidad» (sólo por culpa de la realidad, si la realidad tiene la culpa de todo) es mentira, ya que eres un mentiroso confeso, y mientes con premeditación o eres un mero recitador de verdades obvias que ocultan verdades explicativas?

¿Cómo nos vamos a creer la palabra bien cuando proviene de un partido que gobierna y mal cuando la pronuncia la oposición? Donde unos dicen 1 000 otros dicen 10 000 en función de qué se esté defendiendo o atacando en una manifestación. Los medios de comunicación, el cuarto poder, tres cuartos del mismo pastel que está por encima de la verdad: el interés. Tanto montaje, montaje tanto. En la portada de un periódico verás a un muerto israelí, en la del otro la de un cadáver palestino; la prensa de Madrid dedicará tres hojas a los defectos de Messi y apenas mencionará sus virtudes, la de Barcelona hará lo mismo con Cristiano Ronaldo.

Todo el mundo miente, decía el Dr House, y, cuando no miente, todo el mundo finge, disimula, exagera, suaviza y adula. Es cierto que a la verdad pura y dura le cuesta competir en este mundo en el que las palabras, y aun los hechos, son esclavos de convencionalismos, represalias, recompensas, simpatías y odios que pueden condicionar nuestra existencia. No se puede ser siempre sincero, olvidémonos de utopías, que todos decimos a los niños que los Reyes Magos existen. Lo grave es que ha llegado un momento en que casi nunca se dice la verdad. Y somos conscientes de ello e incluso cada cual ha aprendido a gestionar la información que recibe sabiendo que el mensaje hay que esculpirlo: quitar de aquí, poner de allá. Esto me lo dice por educación; aquello porque quiere que a mí, como a él, me caiga mal aquél; lo otro para que yo también le adule a él; seguro que se guarda algo porque le da vergüenza reconocerlo...

Así que a lo mejor Roncero, aunque no use la palabra correcta, sabe lo que dice cuando habla de la luna. Si cada individuo manipula constantemente la información para interés propio, si un periodista puede acabar diciendo que es el Real Madrid quien tuvo la culpa de que la selección alemana ganara un mundial, simplemente por forofismo, por qué no vamos a desconfiar, gallegos —incluso el que hay en la luna y ha venido de El Ferrol— y no gallegos de Armstrong, Aldrin, la NASA, EE UU y hasta de nosotros mismos.

Así es... o no...

Comentarios

  1. "Los que sobreviven no son los más fuertes, sino los más desconfiados".

    La experiencia, el tropezar dos veces en el mismo engaño, es lo que hace que nos cuestionemos, sobre todo si el Tío Sam está por medio, la veracidad de asuntos como la llegada del hombre a la Luna o la muerte de Elvis.
    Yo ahondaría en la teoría de la conexión gallega. Como bien dices hay gallegos en todas partes: en Pekín, en la Luna e incluso en Galicia. Como nuestra forma de ser y de pensar va dejando huella, gota a gota, allá por donde vamos, en el fondo la humanidad acabará siendo gallega. Toda menos Roncero, que seguirá siendo tonto.

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  2. Yo debo representar la antítesis de la esencia del gallego. Yo es que ya me lo creo todo. Desde que 77.000 toneladas de crudo son hilillos de plasshtilina a que 5 millones de parados son menos que 4,5. Y desde que Irak tenía armas de destrucción masiva hasta que a Kennedy lo mató el KGB. Eso sí, lo de la Luna ni de coña, el hombre no llegó allí, vive permanentemente allí y sólo de cuando en vez baja. En cuanto a Roncero sois un poco duros con él, no es tonto, lo que pasa es que lo disimula tan bien ...

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  3. Ante todo disculpas por la tardanza, un mal día... Con Roncero no se es nunca duro, al pobre le faltan un par de hervores, nada más que eso. David soberbio, como siempre, si bien es cierto que siendo tu madre no soy demasiado objetiva ��. Soy muy gallega, pero desconfiada ni un poquito, así me va... Gracias por amenizarme un mal domingo y hacer que el final sea un poco mejor

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  4. En un artículo tan bueno, era realmente necesario nombrar al Sr. Roncero? bueno tus razones habrás tenido para hacerlo, pero no voy a perder más tiempo con éste personaje, al que la palabra periodista, bajo mi punto de vista que le queda muy grande. Me ha encantado una vez más tu artículo, nos creemos demasiadas cosas? o por el contrario ya no nos creemos nada?, sinceramente uno ya no sabe que creerse, en ocasiones hay noticias que son de tan extrema dureza, que nos cuesta creerlas. Me atrevo a decir que incluso depende del día que tengamos reaccionamos de una manera u otra. El ser humano necesitamos creer en algo por naturaleza, aunque si nos referimos a los gobiernos en general, todos somos conscientes, de que a lo largo de los años nos han mentido diariamente, y seguro, que lo seguirán haciendo. Gracias David

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