Mi primera vez (XLIII), por Francisco Villaverde 'Villa'

Villa, sentado en el centro de la fila inferior, entre Mario Turdó y Adriano Teixeira
en la concentración de pretemporada 1998-99.
La entrega de Mi primera vez de hoy, la número 43 ya, tiene un interés especial porque, como todas, está escrita desde el corazón; pero esta, además, está hecha con conocimiento de causa, desde dentro, por un exjugador, Francisco Villaverde, 'Villa'. Si todos nos emocionamos con la primera vez de un exjugador céltico, Hermindo Pintos, os aseguro que este relato os interesará (porque a los aficionados nos gusta conocer las interioridades de nuestro equipo, aunque sea a toro pasado) y que gozaréis con la gracia y la agudeza de Villa. Disfrutad.

Dicen que solo hay una primera vez para todo. Cuando hablamos de hacernos celtistas no sé si existe una primera vez; dependerá de si nacemos ya siéndolo o nos hacemos después. En mi caso, tuve la fortuna de vivir casa Celta desde dentro. Y, después de tantas cosas que pasé allí, buenas, regulares y malas, hoy sigo siendo tan celtista como el que más. Aunque no pueda asegurar con precisión cuándo empezó mi idilio con el club, haré un pequeño esfuerzo para localizar esas primeras imágenes que no se han borrado de mi memoria, Anticipo que no soy un iluminado de fechas y los que me conocen pueden dar fe de que se me tiene que recordar el día antes de mi cumpleaños que estoy a punto de hacerme un año mayor.

Con el Celta B en Barreiro
De pequeño, mi ídolo innegociable era Juanito, del Real Madrid. Yo fantaseaba con que fichara algún día por el Celta. Era tal mi obsesión que un día, con 5 años, me perdí en El Corte Inglés, y al encontrarme el jefe de planta y preguntarme por mi nombre le contesté que me llamaba Juanito. Así me anunciaron por la megafonía, como si por los altavoces de Balaídos me estuvieran nombrando en el once titular del Celta: «Ding-dong. Atención, por favor, un niño llamado Juanito se encuentra perdido en la 5ª planta». Mis padres no dudaron ni por un momento de que era yo.

Mi primer recuerdo en Balaídos es con mi padre en un homenaje a Quinocho. Al ser primerizos en el terreno, estábamos un poco perdidos; queríamos ver el partido lo más centrados posible, buscando la mejor perspectiva. Entre eso y que la grada no paraba de llenarse —qué malhumorados me parecían los socios del Celta, con lo contento que yo iba al fútbol y parecía que ellos estuviesen peleados con el mundo— estuvimos cambiándonos de asiento hasta ya bien entrada la primera parte. Yo no quitaba ojo a los que bajaban las escaleras y pensaba «otro amargado que viene a quitarnos el sitio». El mejor recuerdo que tengo de ese día es un autógrafo de Jorge Otero, que estaba sentado dos filas más arriba.

Por aquel entonces hice a mi madre la pregunta que acabó de convencerme de que quería ser futbolista: 
¿Mamá, para ser futbolista qué hay que estudiar? —pregunté con desánimo, porque cada vez que yo quería ser algo mi madre siempre decía que había que estudiar un montón. Pero ese día debí de cogerla de imprevisto.
Para ser futbolista no hay que estudiar nada, hijo. Bendita sea esa frase, porque si mi madre me hubiera dicho que hubiese tenido que estudiar para ser futbolista del R.C. Celta, hoy no tendría tantos miles de gratos recuerdos.

Cuando tuve la suerte de fichar por los alevines del Celta y que me dieran un pase para la grada de Preferencia, me di cuenta de que lo del socio malhumorado era algo común a todas las gradas. La de veces que tuve que oír «Rapaz, fóra do meu sitio». Recuerdo esas primeras veces de recogepelotas, cuando estaba terminantemente prohibido sacar fotos a los jugadores y era complicado esconder aquellas cámaras de tamaño folio en los bolsillos. No nos dejaban comer tampoco, así que se nos complicaba esconder unas gominolas, además de la cámara de fotos.Tampoco se podía jugar con los balones en los descansos ni antes de los partidos, ni siquiera devolverlos con el pie cuando salían del terreno de juego durante los 90 minutos reglamentarios. Pero acabábamos sucumbiendo, porque era ver uno suelto y allá íbamos todos, cámara en mano y gominolas en boca, tirándonos de cabeza a por él. Unos angelitos, vamos.

De esos primeros años, tengo la imagen de mis padres y mi hermana en A Madroa, que se hacían 4 o 5 veces a la semana el «puente aéreo» Arcade-A Madroa y veían el entrenamiento debajo de una uralita, muchas veces a 0 grados, lloviendo o con niebla.

En un entrenamiento, con Míchel Salgado y Aguirrechu
Os aseguro que uno duda entre ser futbolista o contorsionista después de ir a jugar torneos a Francia, viajando durante 24 horas seguidas en autobús. Eso sí que era terapia de grupo. Se hacía equipo, vaya si se hacía, más que nada por el sentido de solidaridad y los ánimos que nos dábamos buscando la postura que nos permitiese mantener la cabeza pegada al cuerpo. Uf, escuchar el mismo casete ó CD quince veces, hasta que cuando vas a hacer el grito de equipo antes de jugar te acaba saliendo una canción de Alejandro Sanz sin querer. También viví un momento muy importante para el club en un largo viaje de autobús, que recuerdo como si fuera hoy: el triste camino de regreso de Madrid a Vigo, tras aquella final de Copa en el Calderón, en la que Salva nos hizo soñar con aquel cabezazo.

Después de pasar por todas las categorías inferiores del club, uno nunca olvida ese primer entrenamiento soñado con el primer equipo: 9.30 en A Madroa, con Jabo Irureta dando la charla inicial en centro de campo y preguntando si todos estábamos en condiciones de llevar a cabo los ejercicios.
¿Estáis todos bien, qué tal habéis descansado? —y escucho una voz de alguien a mi lado que dice...
Eh, míster, yo hoy no he desayunado bien, a ver si pueden traer unos donuts de chocolate, porque si no me va costar aguantar el entrenamiento entero... —pensé que era broma, para quedarse con los novatos, hasta que Tito, mítico masajista, que en paz descanse, apareció con un plato y dos donuts de chocolate, como si de avituallar a un ciclista se tratase. Sé que no es el mejor ejemplo para los que comienzan, pero un tal Mostovoi empezó a ser uno de mis ídolos de esta manera.

De ese día me quedo también con el hambre de Míchel Salgado entrenando (y no de donuts). Creo que él ya sabia que llegaría adonde muchos soñábamos con llegar.

Mi viaje a Sarria, donde realicé mi primera pretemporada con el primer equipo, lo recuerdo sentado con Patxi Salinas, todo el trayecto contándome sus comienzos, su debut con Clemente como entrenador, sus logros tan prematuros, y sobre todo sus buenos consejos. Tampoco me olvido de Mazinho, todo un campeón del mundo, como un padre, siempre asesorando desde la humildad, siempre pendiente, sus «intenta hacerlo así, que puedes»«abrígate que te va coger el frío»«vamos Villa, vamos»... Recuerdo que, ya pasada la pretemporada y en entrenamientos posteriores, tanto Ratkovick como Patxi me preguntaban todos los días si necesitaba algo, ya fuese que me recogiesen para llevarme al entrenamiento o unas botas nuevas.

Con Mostovoi
Recuerdo mi primera lesión grave y mi operación de aductores por el doctor Cota. El anestesista me confesó que era del Dépor, e intenté convencerle de que se imaginase que estaba tratando a Valerón.

Por razones en las que no voy a profundizar sí que hubo una primera vez en la que también deje de ser del Celta. Fue un momento breve, durante el cual se me hizo un daño mayúsculo, con unas formas totalmente inapropiadas y con actitudes que me afectaron muchísimo. Parece que, a veces, un traje o una corbata sean incompatibles con mostrar un poco de humildad y sensatez. La mayoría no logran darse cuenta hasta que se ven en la calle a la altura del resto, fuera de esa oficina que parecían poseer de por vida. Cómo me alegré de que muchos dejasen de formar parte de mi club, no hace muchos años. Hoy en día, cada vez me siento más celtista y cada vez estoy más orgulloso de serlo. Os aseguro que cada uno de los trozos que forman mi parte celeste son tan dulces como un par de donuts de chocolate antes de entrenar...

Así es... o no...

Ediciones anteriores:
09-11-2012 - Anónimo
16-11-2012 - Por un servidor
23-11-2012 - Jose Montero
30-11-2012 - Santiago Pastoriza
07-12-2012 - Totó Sanjurjo
14-12-2012 - Pablo Castelo
21-12-2012 - Santiago de Prado
28-12-2012 - @ElColla
04-01-2013 - Rosa Mª Vázquez
11-01-2013 - Víctor Tilve
18-01-2013 - Juan Gayoso
25-01-2013 - M.J. Saborido
01-02-2013 - Socio nº 112
08-02-2013 - Marcial Varela
15-02-2013 - Juan C. Rguez. Llanos
22-02-2013 - Jorge Paz
01-03-2013 - Berto Villamarín
08-03-2013 - Nano Ameneiro
15-03-2013 - Mauro Picatoste
22-03-2013 - Marta Grande Boullosa
29-03-2013 - José Manuel Pintos
05-04-2013 - Jorge Tizón
26-04-2013 - David Penela
03-05-2013 - Gustavo Agulla
10-05-2013 - Lucía Taboada
17-05-2013 - Hermindo Pintos Crespo
24-05-2013 - Míriam Vázquez Fraga
14-06-2013 - Dimitid Todos
28-06-2013 - Marcelino Aguiño
16-09-2013 - Antonio Lijó
15-11-2013 - Anónima
29-11-2013 - Francisco Sánchez
13-12-2013 - Noela Rey Méndez
10-01-2014 - David Araújo Bermejo

Comentarios

  1. Me emociono con cada relato como si fuesen mis propias vivencias. Gracias al escritor y gracias al "publicador", como siempre.

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  2. otro emocionante relato que suerte tienes de ser el portador de tan grandes noticias. felicidades

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  3. Lo que me gusta de este tipo de relatos, ya sean de futbolistas o de otro tipo de profesionales, es que acercan a la gente profesiones desconocidas por dentro y, sobre todo, humanizan a esos trabajadores. Adultos arropando a un chaval en su nuevo trabajo. Trabajadores experimentados ayudando en sus inicios a quien con nervios hace lo que puede, pero no siempre lo que sabe... Todos somos personas y verlo o leerlo es agradable.

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    1. Muchas gracias a todos por los comentarios... Y ya sabéis, si conocéis a alguien que pueda tener una primera vez en Balaídos para contar... animadlo a escribirla y que me la mande. Gracias otra vez.

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