Españolitos por el mundo


«Además de verdad», una sección por David Araújo Bermejo

Por nuestras obras nos conoceremos.

Aunque no creamos en estereotipos, haberlos haylos. Todo gallego que haya viajado por la vasta geografía carpetovetónica se habrá topado con el recurrente sambenito de que contestamos a una pregunta con otra pregunta y no sería extraño que replicásemos, sin malicia, «¿y a ti qué te hace pensar eso?»

Llevo más de 6 años viviendo en Asia y he conocido a una amplia colonia de españoles expatriados o viajando por el planeta. Y, si algún día se celebra un certamen de estereotipos, os puedo asegurar que ganaremos sin bajarnos del autobús.

Si os encontráis fuera de los límites de esa España mía, esa España nuestra, y la melancolía os embiste de tal forma que os veis obligados a salir a la caza de un españolito de a pie para sentir el calor de un coterráneo, he aquí algunas pautas que os facilitarán su búsqueda, porque por nuestras obras nos conoceremos. A falta de paisaje, paisanaje a raudales.

«¡Calurosos Bienvenidos!» Guitarra y jamón
Principiemos por esos lugares en los que muchos españoles empezamos a adquirir la condición de extranjeros: aeropuertos y aviones. Será muy fácil reconocernos porque, definitivamente, el arte de pasar desapercibidos no es lo nuestro. Estamos orgullosos de viajar y queremos que se note que lo estamos haciendo. Se nos oirá incluso desde una terminal a otra, o desde la fila 5 del avión a la 54. Gritaremos a los cuatro vientos qué hemos metido en la maleta y qué llevamos en la mochila de mano.

Es muy normal que transitemos, enfundados en nuestros tejidos Inditex, en manadas, somos animales de pandilla, y exportamos con satisfacción esta característica a cualquier ecosistema. 

Si viajamos en pareja, uno, ella generalmente, se acercará a la pantalla de información de vuelos para comunicar, desde una distancia de 50 metros, a su media naranja —y a 300 pasajeros más de 7 vuelos diferentes—, «Puerta 3, cari (o «gordi», si los viajeros son de debajo de Despeñaperros); tenemos que embarcar por la puerta 3». Con índice, anular y corazón alzados, para que los no hispanoparlantes deduzcan algo también.

Esta falta de discreción será trasladada al interior del avión y se plasmará, fundamentalmente, en 2 aspectos: reparto de asientos y colocación del equipaje de mano:
—¿Quieres ventanilla? Venga, sí, te cambio. 
—Ah, ¿pero tú vas a dormir? Espera, que entonces me cambio para donde está la Merche, que el Tino va a dormir también y entonces que se venga él para aquí.
—Pera, pera, que voy a cambiar la mochila, que así al menos la tiene más cerca el Robert, y me la controla.

Una vez puesto el pie ibérico en territorio comanche, ¿qué será lo primero que haga el españolito de a pie? Quejarse. Quejarse de la hora a la que se cena, del horario de los restaurantes, de cómo se conduce, de que los vecinos no te saluden en el ascensor, de que no se te entienda a la primera a pesar de tu «perfecto» nivel de inglés o del idioma en cuestión, de que no hay jamón, de que se come siempre arroz, de que te miran, de que no te miran, etc. Inconformistas por naturaleza, indignándonos por las injusticias de la vida.
¿Aquí dónde se sale?

Todas estas lamentaciones se alternarán, los primeros días, con la pregunta por excelencia del recién llegado, pregunta que ha estado latente desde 3 meses antes de iniciarse el viaje, aunque no haya salido aún a la superficie, y que no tiene nada que ver con el índice de criminalidad o con las condiciones higiénico-sanitarias del país. No, de estas cosas ya nos iremos enterando sobre la marcha. La cuestión que le ha tenido hablando solo durante tanto tiempo, que le hace vivir sin vivir en él es «¿Y aquí dónde se sale?». Encomiable resultará la motivación y diligencia con las que llevará a cabo un estudio de mercado sobre las zonas de marcha y la calidad y cantidad de pubs. Hay españoles que llegan a tener garito favorito antes que vivienda. Desde el día 1 d. A. (después de aterrizar) el precio de la cerveza será la medida de referencia del nivel de vida del país en cuestión: 
—No me digas que la vida en Pekín es cara, porque una Tsingtao cuesta ahora mismo 10 yuanes. 
—¿Que en Zimbabue hay inflación? Pues no te digo nada aquí, que en año y medio el precio de una birra ha subido 4 yuanes…Zimbabue, dice.

Es un clásico también el que, en un momento dado, empieza a hablar de precios en formato dólar, aunque jamás haya pisado EE. UU. Tú le estás diciendo que hay un restaurante en O Grove en el que se come marisco por 20 euros y, de repente, te encuentras con un «o sea, 28 dólares, ¿no? Es que estoy acostumbrado a pensar en dólares». Porque queremos demostrar que somos ciudadanos del mundo y que nos ajustamos a los estándares que predominan en él.

Con el idioma, three quarters of the same. Pase que digas fake, porque también lo escriben en Twitter muchos cuya experiencia en el extranjero se reduce a la compra de toallas en Valença do Minho. Pero, por Dios, si me quieres convencer de que te lías con cosas cotidianas, si me dices la carpet o el computer, como si hubiera un principio de inefabilidad para estos objetos, te tendré que acabar diciendo que eres un ghost, porque además seguro que serás de los que empiezas las frases con un I mean y las acabas con un You know? cuando estamos hablando en nuestro idioma. Y ya que estamos, si Pekín es Beijing y Los Ángeles El Ei (L.A.), ¿por qué eres incapaz de decir que veraneas en Sanxenxo y vas a muerte con tu Sangenjo?

Una vez que ha cogido confianza con el tema de los dólares y el idioma, el españolito de a pie se sentirá preparado para mostrarse como un experto de la realidad histórica y política del territorio en el que se encuentre. Es más, el día 10 d. A. en cualquier parte del mundo conocerá la solución a todos los problemas autóctonos y no dudará en exponerla delante de cualquier persona local, previa filípica sobre la actitud conformista del pueblo ante los abusos del gobierno y del sistema capitalista. Eso sí, zanjará con un «las cosas no son así, hay que contextualizarlas históricamente» cualquier alusión que se haga al papel que España pudo desempeñar años ha, como nación colonizadora y opresora, por ejemplo.

Aquí hay fiesta
Aun así, el local se nos acabará acercando. Y otros extranjeros también. Llamémosle aptitud para la acaparación o instinto para socializar. Culpemos a la etiqueta de «aquí hay fiesta» que llevamos tatuada en la frente. Sea como fuere, gente de otras nacionalidades intentará, por lo civil o por lo criminal, entrar en el grupo de españoles, aunque las tertulias sean siempre en castellano y el advenedizo sólo entienda el «vaya tetas» o «te voy a poner mirando a Cuenca» (sí, son cosas que a las primeras de cambio enseñamos a pronunciar a un chino, por ejemplo, y si quieren formar parte del grupo tienen que aplicar estas enseñanzas a la mínima oportunidad). Caemos bien y nos buscan.

Y yo desde aquí os animo a que, estéis donde estéis, busquéis también al españolito de a pie, al fantasmilla que dice carpet, al ruidoso del aeropuerto, al todólogo de la historia universal de los pueblos, porque no encontraréis muchos ciudadanos del mundo tan solidarios, tan hospitalarios e integradores como él; porque rara vez te dejará en la estacada y aunque llegue tarde llegará; porque hará que te sientas arropado en los momentos complicados. Y porque estando lejos de casa, 14.000 km parecerán menos distancia cuando oigas a un chino diciendo «la puse mirando a Cuenca, you know?»

Así es... o no...

Comentarios

  1. Que maravilla despertarse con tantas risas. Estoy leyendo y me los imagino diciendo you know en cada frase y no puedo parar de reir. Gracias por alegrarme el día

    ResponderEliminar
  2. José Antonio Durán (@eldury56)2 de febrero de 2014, 11:46

    Jajajaja, auténtico. Un retrato perfecto. Lo poco, por desgracia, que he viajado lo he hecho por Europa y puedo decir que no ha habido ocasión en la que no sintiera vergüenza ajena en los aeropuertos. Así somos.
    Enhorabuena, me ha encantado y retratado ...Jajajaja

    ResponderEliminar
  3. Es buenísimo! Escribes genial!
    Queremos más!!!!

    ResponderEliminar
  4. ¡Gracias el buen rato que me has hecho pasar!
    Ya veo que dominas todos los registros de la lengua escrita y éste irónico-reflexivo te ha quedado francamente gracioso
    Keep up the good work!

    ResponderEliminar

Publicar un comentario en la entrada

Entradas populares de este blog

El suicidio de Evelyn McHale

Oro en cretinismo periodístico

Felicidade