Coma inducido



Una sección por el ojo del voyeur Juan C. Rguez. Llanos

Mi padre salía de casa todos los días a las siete y cuarto de la mañana. Todos menos el domingo, qué gran conquista social. Bajaba caminando por Urzáiz hasta el cruce de Colón y ahí lo abducían. Regresaba bien tarde por la noche. Muy cansado. Se dejaba la vista entre un montón de cifras y letras como empleado de banca, en una época en la que no había ordenadores, a los jefes se les trataba de Don y los trabajadores se llevaban la comida al curro, porque después de las tres se seguía en el tajo. Cuando salía, cerca de las siete, llevaba la contabilidad de algunas pequeñas empresas y con esto ayudaba a la familia a subsistir. A veces incluso se traía trabajo a casa. Por supuesto, mi madre no se quedaba atrás: en uno de los cuartos montó un par de tricotosas con las que confeccionaba jubones para una fábrica textil. Conozco bien la economía sumergida porque la mamé desde pequeño.

Si lo hubieseis vivido alucinaríais: os hablo de una época en la que las personas normales no tenían ni coche ni teléfono y, por supuesto, vivían de alquiler. Creo que nadie conocía la palabra hipoteca y las mujeres no trabajaban fuera de casa. Estaba mal visto.

En casa éramos seis. Además de mis padres y mis hermanos, vivía una tía, mi tía Isabel. De vez en cuando venia algún primo de intercambio por estudios o el servicio militar, porque la gente emigraba para prosperar. Y aun así, salíamos adelante. No recuerdo nunca pasar hambre. Ellos, que sí la pasaron después de la guerra, se encargaron de que no nos faltase de nada. Si mi madre fuese ministra de economía hubiese resuelto esta crisis en un pis pas.


Creo que la gente estaba hecha de otra pasta. Ahorraban durante un año para comprarse una radio, o la tele, y al que tenia coche le duraba catorce o veinte años. Bueno, es que no había obsolescencia programada, claro. Ni tanta tontería.

Después llego la transición y con ella la generación de mi hermano Antonio. Un héroe anónimo. De esa gente con principios y firmes ideales. Mi hermano es la tercera generación de empleados de banca en mi familia. Estaba llamado a hacer carrera en la empresa. Lo hubiese conseguido sin problemas. Un tipo inteligente y con carácter. La única tara, la herencia genética: pensar en los demás antes que en uno mismo. Y decidió no venderse. Sí, os hablo de esos sindicalistas que se partieron la cara por los demás compañeros y que a la postre son los artífices del estado de bienestar que tan rápido se está encargando de liquidar la oligarquía gobernante. Gente que vivió a medias entre la clandestinidad y la guerrilla urbana, que peleaba en las calles contra los represores, cuando esta sociedad todavía tenía vergüenza. Vigo era zona de guerra a finales de los setenta por la reconversión naval y no se extrañaba nadie, porque los obreros, que éramos todos, tenían dignidad.

Hoy tenemos hipoteca, Audi A3, por casa hay una tableta tirada y tu hijo tiene la Play y un Galaxy S4, pero tú no tienes dignidad.

Despierta del coma inducido y piensa un poco en todo lo que te han quitado últimamente. Ni siquiera te he oído murmurar. Sí, leo tus tuits sobre el Celta o el Barça, o la ultima tontería del Youtube. Pero ¿dónde está tu cerebro? ¿Es que acaso te han lobotomizado?


Miraos el ombligo un rato. Habladme de vuestras condiciones laborales, de vuestros beneficios sociales, del presente y el futuro que os espera. Dejad de pensar en el partido del domingo y abrid los ojos. No apartéis la mirada la próxima vez que la crucéis con el que abre el contenedor para buscar comida. Contadme, ¿qué derechos os han cercenado últimamente?

Decidme cuántos amigos tenéis en el paro, cuántos familiares se han marchado ya…

Me paso el día en la calle, escucho a la gente hablar de sus miserias y, ciertamente, no comprendo cómo no se ha producido un estallido social.

Los grandes cambios de la historia de la humanidad se han producido a base de revoluciones y, por supuesto, los gobernantes estaban en contra. Protestar, salir a la calle, reivindicar está mal visto. Es políticamente incorrecto. Policialmente represaliable. Además, nos hemos creído la historia de que los que lo hacen son cuatro perroflautas indeseables, malnacidos y muertos de hambre.

Y es cierto, son cuatro perroflautas, porque no estamos ni tú ni yo, y se nos echa de menos. A mí me transmitieron valores y principios: yo prefiero quedarme sentado en el sofá y dejarle en herencia a mis hijos un futuro sin educación pública, con sanidad privada y trabajos en precario. Una sociedad en la que las mujeres no sean libres para decidir, los bancos y los políticos nos roben impunemente y la Iglesia nos devuelva a la noche de los tiempos.

Me avergüenzo de pisotear la memoria de mi padre y echar por tierra el trabajo de mi hermano.

¿No creéis que es tiempo de abrir las ventanas y sacudir las alfombras?

Así es... o no...

Comentarios

  1. De que valen las protestas si al final les vuelven a votar. Nunca entendere que un obrero vote lo mismo que un patrón

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  2. Un muy buen relato; acompañado de un café es una manera deliciosa de empezar el día.
    Cuanta razón en todo lo que escribes, siempre tengo la sensación de que no hacemos nada por cambiar la situación y mejorar el futuro de nuestros hijos .
    Me vienen a la memoria aquellos versos de Gabriel Celaya :"¡A la calle! que ya es hora de pasearnos a cuerpo y decir que, pues vivimos, anunciamos algo nuevo".

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  3. Sois muchos los que leéis cada domingo, entiendo que la mayoría tímidos o mudos. Decid lo que pensáis. Nos jugamos todos mucho.

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    1. Gran relato escrito desde tu cómodo sofá, leído en nuestra tablet, desde nuestra confortable casa. Somos así, despertamos del coma unos minutos para volver a él, nos gusta.
      Comparto cada una de tus palabras, al igual que la mayoría pero mientras tengamos un techo donde cobijarnos y un pedazo de pan que llevarnos a la boca no haremos nada y como siempre, cuando nos afecte y queramos luchar será demasiado tarde. Qué triste es el "ojalá hubiera".
      Moriremos como cobardes, yo la primera.

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    2. totalmente cierto

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  4. ....nos cabreamos y nos ponemos como locos,con los profesores cuando a nuestros hijos les suspenden un examen o lo echan de clase por maleducado,cuando alguien se despista en un semáforo y tarda cinco segundos en arrancar,incluso insultamos al de informaciòn del centro de salud,porque tù médico,hoy no está.......ya va siendo hora de que demos un puñetazo en la mesa,y digamos basta ya! pero muchos de los que lo tenemos claro,estamos cogidos por los huevos,estamos acojonados.

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  5. Yo creo que hay un grupo de gente que no despierta ni despertará nunca de ese coma y luego hay otro grupo en el que yo me incluyo que sí hemos despertado pero que nos cuesta arrancar y que incluso no sabemos como hacerlo, la recuperación es lenta pero... ahí estamos.

    Me encanta Juan.
    Mil besos.

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