Amor 5.0


Una sección por el ojo del voyeur Juan C. Rguez Llanos



(Advertencia)

Mathias subía apresuradamente la calle. Hacía poco mas de media hora que había recibido el mensaje y, ciertamente, le había descolocado. Terminó la última carrera y estacionó el taxi donde buenamente pudo. Se abría paso entre la gente desesperado por llegar a casa.

Estaba nervioso, no era la primera vez que sucedía, pero en esta ocasión le había pillado por sorpresa. Miró de nuevo el móvil pero no tenía mas información, solo aquel lacónico WhatsApp.

Llevaba en España casi nueve años. Echaba de menos a sus hermanos y aquellos eternos partidos de fútbol en Playa Las Toscas cuando bajaban con tío Wilfred y los primos. Ellos eran de Soca, un pequeño pueblecito a medio camino entre Montevideo y Punta del Este. Exactamente en medio de ninguna parte. El mejor sitio para pudrirse. Su padre siempre le decía: ¿Sabés, Mathi? Si te quedás acá estás podrido. Por eso decidió probar suerte aquí y no le había ido mal.

A poco de llegar, Samuel, un viejo amigo de la infancia que se había venido un par de años antes, le puso en contacto con un taxista que le había arrendado la licencia por un módico precio. Esto le permitía llevar una vida cómoda, aunque esforzada. Echar días y noches en la calle era duro, pero peor estaban las cosas en Uruguay.

Además, gracias al taxi había conocido a Julia. La había cogido un lunes por la tarde al vuelo y en cuanto la vio levantando la mano se enamoró perdidamente. A ella le conquistó su acento y la insistencia con que la esperó los siguientes cuatro días a la puerta del trabajo, justo en el mismo sitio en que la había recogido la primera vez.

Hoy ella estaba de mañana y los niños en el colegio. Por eso le extraño más todavía recibir el aviso. Abrió el portal y subió las escaleras de dos en dos hasta el segundo piso. Respiraba agitadamente, sofocado, nervioso y excitado. Antes de que pudiese girar la llave la puerta se abrió y Julia le recibió con un dulce, largo y caliente beso.

Ni siquiera habían intercambiado una sola palabra y ya estaban en la cama, amándose como dos desconocidos que lo hacen por primera vez, estudiando cada centímetro de piel del otro, alojados en una confortable lucha sin cuartel, ofreciendo lo mejor de si mismos.

Él, adicto a juguetear con los cuerpos; ella, prisionera de su propio deseo.

—Pero vos... ¿no estabas de mañana ? ¿Qué onda tuviste?
—Me apetecía verte y dije que me encontraba mal.
—Sos una pelotuda. Me tengo que ir. Dale un beso a los chicos. Llegaré tarde... Julia... ¿Sabés qué? Ni siquiera cerramos la puerta. Besos. Ciao.

Al salir del portal Mathias volvió a releer el mensaje: Sexpress, te espero en casa.

—Jodida pelotuda —y lo borró mientras reía.

Mientras, Julia se tomaba un café, largo, dulce y caliente, como sus besos. De fondo, por el patio de luces, se oía el “Han caído los dos” de Radio Futura.

Así es... o no...


Han caído los dos cual soldados fulminados al suelo
y ahora están atrapados los dos en la misma prisión
vigilados por el ojo incansable del deseo voraz,
sometidos a una insoportable tensión de silencio.

Han caído los dos bajo el punto de vista exclusivo
iniciando una guerra en que nadie pudo vencer jamás.
Ella sabe lo que el hombre espera sin haberlo aprendido
y él encuentra un sentido al enigma que no le dejaba existir.

Antes eran dos barcos sin rumbo,
hoy son dos marionetas que van
persiguiendo una luz cegadora
Por la línea del tiempo.
Han caído los dos en la boca de un dios tenebroso
que sonríe mostrando sus dientes de acero.

Han caído los dos cual soldados fulminados al suelo
Y ahora están atrapados los dos en la misma prisión
vigilados por el ojo incansable del deseo voraz,
sometidos a una insoportable tensión de silencio.

Antes eran dos barcos sin rumbo,
hoy son dos marionetas que van
persiguiendo una luz cegadora
por la línea del tiempo.
Han caído los dos en la boca de un dios tenebroso
que sonríe mostrando sus dientes de acero.

Ella sabe lo que el hombre espera sin haberlo aprendido
y él encuentra un sentido al enigma que no le dejaba existir.

Comentarios

  1. Me ha encantado. Cosas como esta son las que hacen que la vida merezca la pena y no me refiero a leer el relato ;-)

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  2. Tengo que admitir que me ha gustado, pero no me ha emocionado..
    .
    Mathias arriesgó y ganó!!
    No está de más que de vez en cuando hagamos como Julia, que lejos de caer en la rutina, mantiene vivo ese fuego del amor que tantas y tantas veces se apaga por no saber avivarlo.

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