La cosa más rica


Nada sabe tan dulce como su boca
tan solo alguna cosa que no se nombra

Una tarde de julio, carretera PO-331, luce el sol y hace el calor que toca por esta época. Acabo de coronar el alto de San Cosme, siempre desaliñado y sucio a causa de la feria semanal que se celebra allí, por su vertiente oeste a, para mi nivel, bastante buen ritmo. Echo mano del bidón de agua, ya recalentada, y tomo un buen trago para aliviar la boca reseca por el jadeo que llevo desde las primeras rampas en Vilaza. Sacudo un poco las piernas entumecidas por el esfuerzo de la ascensión para relajarlas, y me calo las gafas de sol para protegerme los ojos en el descenso hacia O Porriño.

Me lanzo cuesta abajo, disfruto del frescor de la sombra de la primera parte del descenso, protegido por los árboles, hasta llegar a la peligrosa curva en U del desvío a Ribadelouro. A partir de ahí bajo la cabeza y me acoplo a la bicicleta, tratando de adoptar una postura lo más aerodinámica posible, para aprovechar los tramos rectos que vienen ahora y ganar velocidad con el menor desgaste.

Ya he superado los 70 km/h según indica la pantalla del ciclocomputador. A grandes bocanadas todavía busco el oxígeno que me haga recuperar el aliento perdido en la subida desde Gondomar, terminada menos de 2 minutos antes. La velocidad sigue aumentando y de repente aprecio una manchita negra ante mí. Parece un insecto... un moscardón, un abejorro o similar. Y de tamaño considerable. No puedo hacer nada por esquivarlo a esta velocidad. Es visto y no visto. Entra en la boca, todavía abierta, revienta contra el cielo del paladar y se cuela esófago abajo a la misma velocidad a la que yo desciendo hacia Torneiros. ¡Qué asssssssco, por Diosssss! ¡Qué repelússsss!

Pero no... La repugnancia preconcebida quedó barrida por el sabor de los jugos y fluidos que estallaron con violencia en mi boca y creedme que nunca antes había probado nada tan sabroso. ¡Ni remotamente! No sé cómo describirlo... licor, miel... ambrosía diría un griego clásico...

En alguna ocasión he leído que hay pueblos por el mundo adelante a los que las centollas, las nécoras o los bueyes de mar les dan un asco infinito... pero que comen con fruición arañas grandes, tarántulas y otros arácnicos peludos... Se equivocan por completo al despreciar los crustáceos que tanto nos gustan por aquí, pero no dudo ni por un momento que aciertan, y de qué manera, con esa inclinación por los artrópodos.

Así es... o no...

Comentarios

  1. Hoy comentario muy simple, pero que te gustará en vista de lo escrito jaja

    http://www.xatakahome.com/electrodomesticos-innovadores/pon-una-granja-de-moscas-en-tu-cocina-y-se-autosuficiente

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    1. Ahí hay futuro, sí señor, jajajaja... Ya lo dice la FAO o la ONU o unos vividores de ese estilo mientras ellos, orondos, se hartarán en los mejores y más opulentos restaurantes con opíparas comidas.

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  2. Estou entre o noxo e a curiosidade.... Pero coma sempre, o de sempre.... Incrible

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