El veleta


Siguiendo el lema de estas páginas (lo que me apetece sobre lo que me place cuando me da la gana), tras varias semanas, hoy me apetece. En realidad, hace tiempo que me apetecía, pero no encontraba las fuerzas ni la inspiración, y como la inspiración solo aparece trabajando, allá vamos...

Hace casi un año se publicaba aquí una Breve clasificación de la humanidad a cargo de Manuel de Lorenzo en la que ya el autor advertía de que todos los hombres pertenecen a alguna o algunas de sus categorías (el tonto, el creído, el egoísta, el desconsiderado, el cínico, etc.), sin perjuicio de su natural dispersión en muchas otras clasificaciones, prácticamente infinitas... pero yo echo en falta que no hubiese dedicado entonces un apartado al veleta, que comparte ciertos rasgos, aunque no todos, con el cínico y con el bienqueda.

No me quiero referir aquí a lo que comúnmente se entiende por veleta, aquella persona inconstante y mudable qual piuma al vento, sino a aquel falabarato capaz de mantener una opinión y su contraria, ya no en momentos distintos, sino simultáneamente y sin ningún rubor: sempre un amabile, leggiadro viso, in pianto o in riso, è menzognero. Como ya tendrás en mente, en la política y el periodismo patrios nos sobran ejemplos de veletas: Cebrianes, Pedros Jotas, Rajoys, Rubalcabas, etc.

El veleta es capaz de decirte con la más cálida de sus sonrisas, henchido cual gallo Chanticleer mañanero, que tienes cara de inteligente, que admira tus muchas virtudes y que se quita el sombrero ante tus actitudes y acciones para, a renglón seguido, cacarear abiertamente que nunca comprenderá a los que actuáis así y, por supuesto, nunca más se interesará por aquel asunto que te acucia y hará como si nunca jamás lo hubieseis tratado.

El veleta despotrica con contundencia en público y en privado en contra de medidas adoptadas en situaciones que le pasan rozando para argumentar las razones diametralmente opuestas, que criticaba medio segundo antes, en cuanto es sometido a situaciones del mismo tenor.

El veleta goody two-shoes se ha ganado la estima de la comunidad por sus correctísimas opiniones y palabras (recuerda: sempre un amabile, leggiadro viso), mientras en privado, ay, quién lo iba a decir, sus acciones desafían reiterada y contumazmente cualquier norma social y moral.

Lo único que lamento es no tener la perspicacia para detectar a los veletas antes... pues muchas veces me he dejado llevar por sus opiniones.


Así es... o no...

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