Mi primera vez (XXXIV), por Marcelino Aguiño

RC Celta 1974/1975
Rodri, Rivas, Aparicio, Navas, Villar, Hidalgo, Rodilla, Juan, Castro, Fernández Amado, Búa.
Como ya quedó explicado en un artículo de agradecimiento a todos los que habéis participado y seguido esta serie de #CeltismoVintage, una vez cerradas las entradas programadas tengo intención de publicar todos los relatos que me lleguen, sin periodicidad fija, pero siempre en viernes. Y la gratísima noticia es que hoy podemos gozar de una narración entrañable, que aúna humor y melancolía a partes iguales en el viaje al pasado, a cargo de Marcelino Aguiño, un celtista de los míos: discreto y moderado, pero sufridor como el que más, que arrostra con estoicismo indesmayable las peripecias a las que a los seguidores celtistas nos somete el azar, y que está dispuesto a transmitir a una nueva generación la llama celeste que heredó de su padre. Os dejo disfrutar ya con la primera vez de Marcelino Aguiño.

Vaya por delante que no tengo certeza absoluta de cuál fue el primer partido del Celta que vi en Balaidos. Creo que fue un Celta - U.D. Las Palmas (1-0) de la temporada 1974/1975, y lo vi desde la grada de Gol. Los canarios jugaban con once, el Celta con 12 (once jugadores más el Lagares). Campo convertido en un barrizal, patadón arriba, fuerza…


Desde entonces hasta hoy tengo muchísimos recuerdos, buenos, malos y regulares. Dejando a un lado los malos y regulares, aquí van algunos.

Recuerdo que en las entradas se encontraban los muchachos de la Cruz Roja alquilando las almohadillas, con el muy noble y digno propósito de que fuesen utilizadas para sentarse con comodidad en la grada fría y dura. Sin embargo era más vistosa su utilización como objeto arrojadizo contra el trío arbitral que accedía al vestuario por una puerta situada entre la grada de tribuna y gol. Tras la remodelación del estadio por el mundial del 82, el acceso a los vestuarios se hará tras la portería de gol. Se privó así a la afición de este ejercicio de puntería y el lanzamiento de almohadillas quedaría limitado a un experimento aeronáutico de vuelo sin motor de la grada al césped, finalmente finiquitado con la instalación de los asientos de plástico.
La megafonía contribuyó siempre a caldear el ambiente. El speaker que tuvo el Celta durante muchos años tras el pasodoble “Ponteareas” del maestro Soutullo daba cuenta de resultados de equipos vigueses de otros deportes, anunciaba prensa (Faro de Vigo), restaurantes (Mesón do Cordeiro), locales de tipo “recreativo”,(Angoares club) o discotecas como Nova Olympia ("¿Dónde lo vas a pasar mejor?"). Informaba de las alineaciones e historial del equipo visitante al que deseaba “unha boa e deportiva tarde”. Suerte nunca.

Remataba todo este despliegue sonoro con el mítico “E amigos, como non, coma sempre o de sempre… Alaaaa Celtaaaa!”

Muchos jugadores pasaron por el Celta desde que empecé a ir a Balaidos: Fenoy, Manolo, Capó, Del Cura, á, Ademir, Lucas, Baltazar, por citar algunos. Mejores o peores llegaban, jugaban, y tarde o temprano (ley de vida) dejaban el club. Había sin embargo personas que temporada tras temporada estaban allí, que eran parte de las tardes en Balaidos.

Alvarito, nuestro mítico masajista que, provisto de botiquín y toalla, corría en auxilio del lesionado para echarle el “agua milagrosa” (¡ay, si se vendiese en farmacias!) y dominaba el arte de abandonar el campo de manera parsimoniosa por el trayecto más largo cuando el resultado del partido así lo requería. También año tras año en el banquillo del Celta, el Dr. Genaro Borrás, corriendo bajo la lluvia con su gabardina. Sus carreras eran presagio, seguro que a su pesar, de lesión grave (“mala cousa, que chamaron a Borrás”). También alguno de vosotros seguro que recuerda a “El Cordobés”, un anciano que se sentaba a pie de campo delante de preferencia con su visera y bandera celeste. Natural de Córdoba, pero afincado en Vigo, era fijo en el estadio y acérrimo seguidor. Ejemplo de lo que es Vigo, ciudad que acoge a mucha gente que no nace aquí y que acaba haciendo de Vigo su casa.

Podría seguir con las batallitas, ya son algunos añitos que dan para mucho, pero mejor lo dejamos aquí que lo bueno si breve…

No quiero acabar sin recordar a la persona que me inició en esto del celtismo, mi padre. Me llevaba al fútbol cuando podía, supongo que la economía familiar mandaba. No era efusivo, de los que gritan e insultan. Como máximo se le escapaba algún “¡pero qué pitas, hombre!” al árbitro. Fue él quien me explicó que se pita al equipo visitante cuando sale, y se le aplaude cuando saludan desde el centro del campo (esto no vale con el Coruña, aquí pitos a tutiplén). Que la sílaba tónica de la palabra Celta varía si se está en un partido dentro de Balaidos, y que si tomaba una Fanta naranja con un montón de cacahuetes al salir del campo no se lo tenía que decir a mi madre. Pero lo más importante fue explicarme que el Madrid y Barcelona ganan muchos títulos porque tienen mucho dinero y fichan a mejores jugadores que tiene el Celta, y que todo eso está muy bien pero… que él era del Celta porque los de celeste son de aquí, son los nuestros.

Ficha técnica del partido: RC Celta 1-0 Las Palmas (jornada 17, 19 de enero de 1975)


Así es... o no...

Ediciones anteriores:
09-11-2012 - Anónimo
16-11-2012 - Por un servidor
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30-11-2012 - Santiago Pastoriza
07-12-2012 - Totó Sanjurjo
14-12-2012 - Pablo Castelo
21-12-2012 - Santiago de Prado
28-12-2012 - @ElColla
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11-01-2013 - Víctor Tilve
18-01-2013 - Juan Gayoso
25-01-2013 - M.J. Saborido
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14-06-2013 - Dimitid Todos

Comentarios

  1. Como aportación histórica al artículo os comento que la foto del inicio corresponde al partido de liga disputado el 12 de enero de 1975 en el Manzanares. El Celta arrancó un punto al finalizar el partido sin goles. Ese partido también lo jugaron saliendo desde el banquillo Félix Carnero que en el 59' sustituyó a Búa y Paco Doblas que a falta de 7 minutos para el final sustituyó a Rodilla.
    Como curiosidad, comentarle a Marcelino que yo también estuve en ese Celta-Las Palmas en la grada de Gol. Inolvidable la escena de la salida de vestuarios.
    Muy buenas las notas sobre la publicidad y lo de “una boa e deportiva tarde”. Suerte nunca. (de la megafonía).
    Pero lo mejor del artículo... ese bonito recuerdo a la memoria de "El Cordobés". Aún se me pone la piel de gallina recordarlo al pie de los banquillos moviendo aquella inmensa bandera de nuestro equipo. Para mi es una de las leyendas del Celtismo aunque nunca se haya enfundado la celeste en la hierba de un estadio.

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