Mi primera vez (XXXII), por Dimitid Todos

Penúltima entrega hoy, con esta trigésima segunda edición, de nuestra serie de #CeltismoVintage a cargo de Dimitid Todos (@DimitidTodos en Twitter), al que no sé muy bien cómo presentar... ni falta que hace, porque estoy seguro de que ya lo conocéis todos de sobra. Sin duda ninguna a Dimitid Todos (con el que comparto devoción e idolatría por Vlado Gudelj) nadie le puede discutir su amor al RC Celta y, al igual que a los 30 participantes anteriores, le debo agradecer sinceramente su participación desinteresada y generosa.


No puedo hablar de mi primera vez porque no la recuerdo. El motivo es que, afortunadamente, soy celtista desde que recuerdo, y es de lo que más orgulloso estoy en mi vida. Mi padre ya me llevaba a Balaídos siendo bebé, por lo que se me hace imposible recordar algo de la primera vez que fui a ver al Celta. Pero supongo que lo que veía me debió de gustar, porque, según me contaron mis padres, apenas había aprendido a andar y ya pateaba los duros bolardos en forma de pelota que había en el paseo de Baiona.


Mis recuerdos más nítidos empiezan en la temporada 1991/1992: la del ascenso con Txetxu Rojo. Guardo recuerdos aislados de esa temporada: una celebración de un gol de Fabiano bailando samba con el balón bajo la camiseta; un terreno de juego embarrado contra el Racing de Santander (si no me equivoco); o unas bengalas en el partido contra el Figueres cuya luz llamó la atención a un chaval minúsculo como entonces era yo.  



Lógicamente, el partido que quedó más marcado en mi memoria fue el 4-0 al Sestao que supuso el ascenso. Gudelj había marcado dos goles y terminó siendo el pichichi de la categoría: algo más que suficiente para convertirse en mi ídolo de por vida. Ese día fue mi primer “día especial”. Como habitualmente, fui con mi padre con cierto tiempo de antelación a los alrededores de Balaídos, pues a él, como ahora a mí, le gustaba hacer la previa con los amigos en los bares de la zona.



Una vez más, iba entusiasmado a ver al Celta. Pero ese día había algo diferente: iba a hacerme la foto con los jugadores. Entonces era bastante habitual que unos cuantos niños se fotografiasen con la alineación del Celta. Allá iba yo vestido de futbolista, con mis medias, pantalón corto y camiseta, y unas botas de fútbol que en nada se parecían a las actuales. Jamás olvidaré aquella camiseta, novedosa frente al celeste anterior (o actual), ni tampoco aquellas botas negras con cordones naranjas: mis primeras botas de fútbol.



Por aquella época cada equipo salía del túnel de vestuarios por separado, haciendo una fila, y se reunían en el círculo central para saludar al público con un aplauso. El primer equipo en saltar al campo era el visitante, y a la hora de saludar al público nosotros les juzgábamos con pitos o aplausos. Como es normal, algunos equipos caían mejor que otros. Algunos se llevaban tímidos aplausos, mientras que los más pitados siempre eran los del Coruña. Aunque a partir del episodio Bjeliça en 1996 los del Betis también se llevaron lo suyo.


¿Será Dimitid Todos uno de los niños de la fotografía?
En fin, que a los niños nos ponían justo en la salida del túnel para hacer la carrera con los jugadores del Celta hasta el mediocampo. Y listo que es uno, un servidor se había fijado en partidos anteriores desde la grada que los jugadores recorrían el trayecto a un ritmo de trote. Así que cuando salieron me puse a trotar con ellos. La sorpresa fue que al instante me di cuenta de que había tenido un error de cálculo: mis piernas no medían lo mismo que las de los jugadores, y tuve que modificar mi ritmo de trote inicial por un sprint hacia el mediocampo para no quedarme atrás, y corrí con toda mi alma, pero las zancadas de los jugadores eran demasiado grandes para unas piernas tan cortas como las mías y no logré llegar junto al equipo al círculo central. Una vez allí, tuve tiempo para hacerme una foto con el equipo, y otras dos con Fabiano y Gudelj, por el que tengo gran debilidad desde que era un renacuajo.


Jamás olvidaré el olor del césped en aquel día soleado: hay veces que cuando entro pronto al estadio todavía soy capaz de percibir ese olor y me lleva a recordar toda esta  historia. Todo terminó con mi padre poniéndome un chándal con prisas en la grada, y con el partido ya empezado fuimos a ubicarnos en nuestros asientos.



Ese día, el del ascenso, me llamaron mucho la atención las cintas que colocaron desde la parte superior del estadio hasta el césped. También recuerdo cuando el club ponía dos Citroën, un ZX y un AX en el círculo central: casualmente el presidente era Ignacio Núñez, dueño del concesionario de coches Citroën “Núñez Motor”. Cuando los retiraban para empezar el partido las ruedas dejaban un rastro en el césped. En cada partido me preguntaba: ¿cómo puede haber dos coches aparcados en medio de un campo de fútbol?



Mi mejor día era cuando iba a Balaídos a ver a mi equipo, lo mamé desde pequeño. Y me encanta no haber perdido ni un solo minuto de mi vida no siendo del Celta. Disfrutaba mucho con los goles de Gudelj, aprendiéndome los nombres y posiciones de los jugadores y de los nuevos fichajes, y jugando al fútbol vestido como un futbolista del Celta. Pero realmente no acabaría de darme cuenta de lo que era ser del Celta hasta el 20 de abril de 1994.





Así es... o no...

Ficha técnica del partido: Celta 4 - 0 Sestao

Ediciones anteriores:

Comentarios

  1. En años posteriores los coches los aparcaban en el espacio entre Gol y el campo sin haberlos puesto en el centro. Yo también me preguntaba siempre qué hacían allí. Es más, tardé en darme cuenta de que entre Marcador y Río hay una puerta y que los metían por allí, así que mi curiosidad hasta que percibí esto iba más allá de los propios coches y la publicidad jaja.

    ResponderEliminar
  2. Es curiosa la foto del inicio del artículo. ¿El Celta empezó el partido con 10 jugadores?. ¡NOOOOOOOOOOOOOOOO!. Falta el "capi" Vicente para completar la alineación del partido contra el Sestao. Seguro que estaba con el sorteo de campos.

    ResponderEliminar

Publicar un comentario en la entrada

Entradas populares de este blog

El suicidio de Evelyn McHale

Oro en cretinismo periodístico

Felicidade