Los libros de una vida

Una sección por el ojo del voyeur Juan C. Rguez Llanos

Si hace poco menos de un año preguntaba en qué libro os gustaría vivir, un domingo más Juan C. Rguez Llanos no solo recoge el guante, sino que redobla la apuesta y nos cuenta cuántas vidas ha vivido ya... porque leer un libro es disfrutar de una vida nueva y diferente, volar, soñar y disfrutar. Y nos lo cuenta regalándonos un texto diferente a los publicados con anterioridad, del que se disfruta en profundidad tras hacer una segunda lectura. Yo ya lo he leído varias veces y cada vez me gusta más. Estoy seguro de que a vosotros os pasará lo mismo

El pasado martes 23, aniversario de la muerte de Cervantes y de Shakespeare, se celebró el Día del Libro. No es que sea yo muy aficionado a eso de "el día de...". Me parece una chorrada celebrar cosas un día cuando el resto del año te las pasas por el arco de triunfo. Pero los libros y yo mantenemos una relación especial desde hace años que hacen que los tenga entre mi lista de imprescindibles.



Comencé a leer, como todos los niños, forzado por mis maestros. He de decir que los míos eran bastante oficialistas. Estábamos en plena transición y nos obligaban a llevar a clase un ejemplar del ABC. Estaba maquetado como si fuese la Biblia, con una letra menuda, asfixiante. Aún recuerdo mi dedo regordete, perdiéndose entre unos renglones que, a dos palmos de distancia, parecían poner lo mismo. Aquel año el periódico madrileño me perdió como lector para el resto de mis días, pero no les niego el mérito a mis profes y a Luis Maria Ansón de haber puesto en mí la semilla de la lectura.

Enseguida llegaron Mortadelo y Filemón a mi vida, no sé cómo cayeron en mis manos. Me imagino que pudo ser como consecuencia de escuchar a mis amigos Nacho y Dani hablar de ellos constantemente. Nunca he dejado de sorprenderme con la increíble capacidad de Mortadelo para disfrazarse de las cosas más inverosímiles. El profesor Bacterio con sus barbas de chivo, el superintendente Vicente y los títulos de las operaciones que, sin duda, han inspirado a la mismísima Guardia Civil en más de una vez. ¡Qué desilusión el día que "escuché" la película! ¡Qué sacrilegio! Aquellas no eran las voces de Mortadelo y compañía; en mi cabeza nunca habían sonado así. ¿Cómo accedió Ibáñez a prostituir su obra de esa manera?
Después, en 5º de la EGB, mi tutor, D. José, un tipo rechoncho y risueño al que todos conocíamos por "el bolas", se tomó muy a pecho el plan de estudios de Lengua y consiguió que nos metiésemos entre pecho y espalda El Quijote. Para unos niños de diez años que leen por turnos, con una luz mortecina y en interminables tardes de lluvia, no es la lectura más indicada, pero "el bolas" se partía el pecho con las andanzas del caballero de la triste figura, mientras hacía honor a su apodo sacando unas pelotillas perfectas de su nariz. Como contramedida de urgencia, a mí, de vez en cuando, me sobrevenía un dolor de cabeza insoportable que daba con mis huesos en la enfermería. Fruto de esas más que frecuentes escapadas a la botica y de la afición de “Fray pomadas” a resolverlo todo de la misma manera, hoy soy completamente alérgico a la aspirina. Pero qué tardes me he pasado tumbado en la camilla leyéndome un tebeo, mientras pensaba en lo mucho que se estaría riendo D. José y lo aburridos que estarían los demás.

Más o menos por esa época, o tal vez fue un poco más tarde, acompañaba a mi madre los sábados al mercado. Desconozco qué cucamonas utilizaba para sobornarla, qué besos zalameros le prometía, pero el caso es que, sábado si, sábado también, yo llegaba a casa con un tebeo de Jabato o Capitán Trueno bajo el brazo. La verdad es que siempre he sido muy cabezota y, por suerte o desgracia, cada vez que se me mete algo entre ceja y ceja lo acabo consiguiendo. Así que estoy seguro de que mi trabajo de acoso y derribo era perfecto, porque cada uno de aquellos fascículos de pastas amarillas ilustrados a todo color de la editorial Bruguera costaba cincuenta pesetas, que, en la época, era un dineral. Qué aventuras, qué princesas, ese Fideo de Mileto y Taurus, esos Goliath y Crispín, la bella Sigrid reina de Thule, aquellos cocodrilos largos como un día sin pan y el episodio de los hombres tiburón. Dicen que hay dos tipos de tontos: los que prestan los libros y los que los devuelven. Toda mi colección se la llevo un día un amigo traicionero. Aquel nefasto día, el tonto fui yo.

Debía de rondar los doce años cuando mi padre nos sorprendió a todos llegando a casa con la obra completa de Julio Verne. Nunca fue un hombre de letras. Comenzó a trabajar como botones en el Banco Pastor con trece años y medio, mintiendo incluso sobre su edad. Sabía poco más que las cuatro reglas y su vida, en la que nunca existieron los ordenadores, fueron los números. Qué pudo impulsar a mi padre, al que nunca vi leer un libro, a comprar aquella fantástica serie encuadernada en una ostentosa y horrible imitación de piel con repujados dorados es, a día de hoy, un misterio; misterio que se ha llevado a la tumba y por el que nunca le estaré lo suficientemente agradecido.

Con Julio Verne pasé unos años deliciosamente estresantes: viví en La isla misteriosa, me sumergí en las profundidades marinas, viajé a la Luna, estuve en el centro de la tierra, pasé Cinco semanas en globo, di La vuelta al mundo en ochenta días y pasé dos años de vacaciones. Fui chino en China, capitán con quince años, correo del zar e hijo del Capitán Grant. Viví tantas aventuras con él, que necesitaría varios domingos para contároslas. Todas en la más absoluta clandestinidad de mi habitación, sin apenas luz, para que nadie me supiese despierto, devorando páginas y páginas, dejando volar mi imaginación. Bien cierto es que los humanos aprenden de sus errores: nunca me desprendí de ese regalo de mi padre y hoy guarda un lugar privilegiado en la biblioteca de mi casa. Recientemente he leído con mucha emoción El lector de Julio Verne, una maravillosa novela de Almudena Grandes en la que se plasma la vida en la Sierra Sur de Jaén en la España de posguerra. El protagonista, Nino, un chaval de nueve años, se debate entre la realidad de su padre, guardia civil, y su amigo Pepe el Portugués, enlace de los maquis. Su refugio son los libros del maestro Verne. ¡Qué maravillosos recuerdos me ha traído sobre mi infancia lectora!

Seguí por la senda aventurera de la mano de Salgari y Stevenson, con los que me enrolé como pirata, y Dumas, con el que fui mosquetero en varias ocasiones, completando mi adolescencia con El Principito y un montón de best sellers insulsos, que mi hermana, socia del Círculo de Lectores, traía a casa regularmente. He de decir, en honor a la verdad, que no me los leía completos. Buscaba normalmente pasajes subiditos de tono, que hacían que me ruborizase inexplicablemente y eso derivó, como ya sabéis, en el voyeurismo que padezco.


Por fin, aparecieron en mi vida dos libros que marcaron un antes y un después. Eco y su Nombre de la Rosa, y El Perfume de Süskind. Preciosas historias contadas exquisitamente, redondas, sublimes, abundando en detalles, sin parecer recargados. Uno por la descripción del ambiente frío, húmedo, oscuro y misterioso de un monasterio en plena Edad Media. Yo he querido ser el joven Adso descubriendo la Rosa y he querido ser Guillermo indagando el misterio de los asesinatos. No hay ninguna otra novela posterior con el binomio misterio - Edad Media que le haga sombra. El otro, porque consiguió algo que me parece tremendamente difícil: trasladarme con palabras un olor. Participar en la creación de perfumes y conseguir envolverte de aromas creo que es muy difícil de verbalizar. Además no se me ocurre mejor resolución de una historia que sucumbiendo yo también en la orgía final.

He sido Hamlet traicionado, Samurai en el arte de la guerra. Me he enamorado con la poesía de Benedetti, disfrutado del erotismo desnudo de Kawabata y sus bellas durmientes, me he emocionado con Zafón y llorado como un niño con el pijama de rayas. He vomitado de rabia en la fiesta del chivo y he sido incapaz de matar a un ruiseñor. Saramago y Sampedro le han dado sentido a mi vida. Los libros han conseguido que un completo analfabeto turístico como yo, viaje. He reído y llorado, pasado noches en vela y conseguido dormirme en días en los que los problemas me tenían sometido.

Hace un par de meses que mi hija de once años ha comenzado a leer "clandestinamente" Harry Potter. Mi mujer y yo le insistimos en que se duerma. La verdad es que nos encanta levantarnos de madrugada a apagar la luz y encontrarla dormidita con el Prisionero de Azkaban sobre su cuerpo. Es el principio de una bonita amistad.

Llevo dieciocho años trabajando para una editorial especializada en seguridad vial, jamás he leído ni uno solo de los libros que vendo, pero me han dado de comer todo este tiempo. La verdad es que se lo debo todo a los libros. Por todas las historias que he leído y por las que seguiré leyendo... ¡gracias!

Así es... o no...

Comentarios

  1. IMPRESIONANTE A DÓNDE NOS PUEDE LLEVAR EL MUNDO DE LA LECTURA, A LOS MÁS RECÓNDIDOS SITIOS...... INOLVIDABLES..... UN DÍA MÁS, GRACIAS A TÍ JUAN LLANOS POR TUS ESCRITOS, BSS

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  2. LUIS GARCIA LLORET28 de abril de 2013, 9:12

    HAS LEÍDO CASI LO MISMO QUE HE LEIDO YO, TARDES QUE ME HE REÍDO CON MORTADELO Y FILEMÓN, PEPE GOTERA Y OTILIO, SUPERLÓPEZ, ZIPI ZAPE E INFINIDAD DE LIBROS DE TODOS LOS GÉNEROS, SUSCRITO AL CÍRCULO DE LECTORES Y SOCIO DE LA BIBLIOTECA PÚBLICA DE VALENCIA..... LIBROS LEÍDOS EN DOS DÍA Y NOCHES EN VELA POR CALMAR MI ANSIA POR SABER Y DESCUBRIR COSAS Y SITIOS LOS CUALES SABÍA DE ANTEMANO QUE NUNCA PODRÍA DESCUBRIR... UN DOMINGO MÁS TE AGRADEZCO QUE COMPARTAS CON NOSOTROS TU FANTASÍA... SALUDOS JC. LLANOS

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  3. Yo siempre digo: MENOS FACE Y MAS BOOK.

    El detalle de tu hija y la lectura clandestina es genial, me imagino que a ti te haría revivir momentos de tu niñez.Espero que algún día yo pille a las mias haciendo lo mismo.

    Una vez más ¡ENHORABUENA! Juan.

    Besos.

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  4. Otro gran artículo de Juan C. Rguez Llanos. Mi más sincera enhorabuena.

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  5. Es tan ameno tu relato que creo que va a ser difícil superarlo has puesto muy alto el listón

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  6. Pues a mí el día del libro y las diferentes ferias me encantan!! Siempre disfruté de la feria de Vigo, pero desde que empecé a estudiar en Santiago y ahora desde que trabajo en A Coruña visito tres al año y siempre tengo más libros de los que creo nunca llegaré a leer. No es por comprar barato, es por el ambiente de ver librerías llenas de gente y con escaparates que intentan llamarte la atención, de ofertas de grandes clásicos que hasta estos días marcados estaban escondidos en un almacén, pasearse por los puestos de las ferias observando títulos que jamás conocerías de otra manera. Llegar con dinero y marcharse sin él, pero contento, es algo que solo ocurre durante las diferentes fechas en la que los libros son el motivo de la fiesta. Otros días no es lo mismo, otros días la sensación es que se compra más por obligación, porque vas a eso, que por devoción, porque vas paseando y te encuentras algo que te llama, que te pide que lo compres.

    En cuanto a historias yo hay tres que siempre quise vivir y son tres que nunca olvidaré: recorrer Europa como hizo el personaje de El Médico (de Noah Gordon), vivir todas las aventuras en Galicia que se narran en Morning Star (Xosé Miranda) y visitar de una vez la Isla de San Simón en la Ría de Vigo para vivir la historia de Noites de voraces sombras de Agustín Fernández Paz. Recuerdo que cuando leí este libro la isla estaba cerrada y el misterio que la rodeaba era grande. Hasta que leí ese libro esa isla solo estaba ahí, en medio del mar, pero después pasó a formar parte de mis inquietudes y deseos. Tiempo después la abrieron, pero al vivir fuera nunca llego a tiempo de coger billetes para visitarla. Sigue pendiente :). Bueno, también está pendiente pasear por Ourense siguiendo la ruta de Cibrán, o Bocas y o Milhomes durante su esmorga narrada por Eduardo Blanco Amor. Hay historias que sí se pueden vivir en parte más allá de la imaginación y sin que nadie tenga que poner ninguna voz que te la chafe jeje.

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    1. Gran comentario, Víctor. Muchas gracias, como siempre, por tu participación con contribuciones tan positivas e interesantes.

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  7. Juan C Rguez Llanos29 de abril de 2013, 21:38

    Me gustaría agradeceros a todos vuestros comentarios, aunque estaría bien recordar que la mas apasionante de las aventuras es vivir cada día como si fuese el último. Todos tenemos una historia por escribir, de la que desconocemos, ya no solo el final, sino el próximo minuto. Soñar está bien, dejarse llevar por la imaginacion es fantastico. Pero ya sabéis, la realidad siempre supera a la ficción. Gracias.

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    1. .... cada día que pasa no lo vivo, lo sobrevivo, por éso prosigo en mi cuento de hadas, bsss

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