Mi primera vez (XIII), por el socio nº 112 del RC Celta

El Celta de los canarios:
Antonio Fuentes, Sabina, del Pino, Roig, Mundo, Victoriero
Para esta 13ª entrega de "Mi primera vez" es sin duda un honor y un privilegio publicar el relato del socio nº 112 del R.C. Celta, que en contra de mi voluntad prefiere permanecer en el anonimato, pues creo que, tras más de 60 años ininterrumpidos de respaldo y aliento a nuestros jugadores con fidelidad indesmayable y digna del mayor encomio, se debería publicar su nombre con mayúsculas y negrita.

Recordemos que "Mi primera vez" es una serie de relatos escritos por celtistas sobre los recuerdos, vivencias, emociones, sentimientos... que les dejó su primera visita a Balaídos para presenciar un partido de nuestro Celta. Cualquier celtista interesado hacer un esfuerzo de memoria y contribuir con su relato solo se tiene que poner en contacto conmigo por twittergoogle+ o dejando un comentario en esta entrada, y ya encontraremos el modo de que me hagáis llegar vuestros escritos. El formato y el idioma quedan a elección del autor. También queda a su elección si prefiere que se consigne su nombre o permanecer en el anonimato. Lo ideal sería un mínimo de unas 500 palabras.

Disfrutad ya, pues, con la primera vez del socio nº 112:

Difícilmente puede uno evocar su primer contacto con Balaídos, cuando contemplan estas líneas más de sesenta años de inquebrantable, constante e «inasequible al desaliento» sentimiento céltico, refrendado con la medalla de 50 años de socio, que suelo mencionar como medalla de 50 años de sufrimiento, pues, amén de lances gloriosos y épocas brillantes en nuestra historia, dudo que exista equipo al que la Fortuna haya sido más esquiva (¡ay, esas finales vividas y sufridas en Madrid y en Sevilla…!)



Pero sí recuerdo mis vivencias de adolescente como socio de Río. Entonces, en invierno, había que comer a las tres, pues la ausencia de iluminación hacía jugar los encuentros a las 3.30 pm. Desde la falda de O Castro y pasando por el hoy inexistente Camino de los Ángeles (que discurría desde la confluencia de Camelias con González Sierra, ascendía pasando por detrás de donde ahora están las Jesuitinas, continuaba bordeando la Carballeira de El Cuco pasaba por la entrada superior de lo que hoy es el Hospital Nicolás Peña y seguía  cruzando la calle Ourense por delante del colegio Fleming), arribábamos a la Gran Vía, en construcción, para iniciar un campo a través por los abruptos y abiertos terrenos, donde, poco más tarde, se construirían los Institutos de As Travesas. Por Castrelos finalmente llegábamos a una grada de Río que constaba de nada más que cuatro o cinco gradas descubiertas; en ocasiones recibía en sus bajos la visita del agua del vecino y céltico río Lagares.


Con tiempo inclemente había que coger el tranvía en el calle de Chile, que nos depositaba, entre gritos de ánimo, bufandas y banderas, en la estación de A Florida, donde nos acogían sus populares monos, uno de los cuales se hizo famoso por su erótico comportamiento, fruto de su desmedido «amor propio».

Antonio Fuentes
del Pino
Tengo muy presente que durante esos años la alineación del Celta ofrecía una entente galaico-canaria que resultaba bien brillante. El preciosista fútbol de las islas —del cual tuvimos muestra reciente en la figura del extraordinario David Silva— incorporaba en nuestro equipo hasta cinco jugadores: Victoriero, Sabina, Fuentes, Del Pino y Roig. Fuentes fue, para mí, uno de los tres jugadores más grandes a lo largo de la historia céltica: de juego muy elegante, era un auténtico medio centro, dominador y sereno, que suministraba con suavidad y precisión balones a Del Pino —que fue máximo goleador nacional, y cuya «metamorfosis» (pérdida de cabello y cejas, y posterior recuperación) fue tema preferido del diario Marca—, y a Roig, el rápido extremo y el mejor realizador de la liga de los llamados “goles olímpicos”.
En la portería destacaba un espléndido ejemplar galaico: Bermúdez, el «arroás» de Cangas.


Homenaje al cangués Bermúdez
Añoro las sorprendentes —para los aficionados actuales— alineaciones de aquellas épocas: dos defensas, tres medios y ¡cinco! delanteros. Así podían conseguirse resultados tan sonoros como 5 goles al R. Madrid, 6 al FC Barcelona, o 7 al Atl. de Madrid. Oh, tempora, oh mores!

Así es... o no...

Ediciones anteriores:
  1. 09-11-2012 - Anónimo
  2. 16-11-2012 - Por un servidor
  3. 23-11-2012 - Jose Montero
  4. 30-11-2012 - Santiago Pastoriza
  5. 07-12-2012 - Totó Sanjurjo
  6. 14-12-2012 - Pablo Castelo
  7. 21-12-2012 - Santiago de Prado
  8. 28-12-2012 - @ElColla
  9. 04-01-2013 - Rosa Mª Vázquez
  10. 11-01-2013 - Víctor Tilve
  11. 18-01-2013 - Juan Gayoso
  12. 25-01-2013 - Mª.J. Saborido

Comentarios

Entradas populares de este blog

El suicidio de Evelyn McHale

Oro en cretinismo periodístico

Felicidade