Decepción


Sin duda, lo mejor de ser profesor es el contacto diario directo y la relación personal con los alumnos. sus caras, sus sonrisas, su alegría y su buen humor perenne. Uno se va haciendo mayor y ellos siempre son jóvenes. Sin pretenderlo te mantienen vivo, te obligan a estar al día y pegado a la actualidad. Creo firmemente que el problema de envejecer no es físico, sino mental: no importa qué avances se produzcan en medicina, da igual que se descubra el elixir de la eterna juventud... nuestro gran problema es que no estamos capacitados para aceptar el paso del tiempo ni para adaptarnos a las nuevas modas, usos y costumbres. Desde siempre una generación tras otra se ha quejado de la misma manera: «¡Ay, esta juventud! Yo en tus tiempos etc. etc. etc.». Ser profesor es un potente agente antienvejecimiento.


Son los profesores Sísifos que empujan por cada alumno, no una piedra gigantesca, sino una esfera de cristal, por lo general muy frágil, hacia una cumbre muy, muy lejana. Acaba el curso, el ciclo o la etapa y vuelve la esfera a la base de la montaña, con las fuerzas frescas e intactas, el disco duro casi en blanco, a veces incluso sin formatear. Un año. Y otro. Y otro más.

Otra cosa bien distinta son los padres, los clientes. Por lo general no suele haber ningún problema con ellos, pues viajamos juntos hacia el mismo destino común y sería de necios poner trabas y hacer la travesía incómoda... y aún así siempre hay en cada grupo un punto filipino que, incapaz de ver más allá de sus narices, busca, querulante y burdégano, el conflicto gratuito y la gresca pendenciera, por lo común con un muy ridículo afán de protagonismo.

Pero lo peor de todo, lo más decepcionante, es que un antiguo alumno te tuerza la cara de forma ostensible cuando te cruzas con él por la calle en un claro ejemplo de no te veo porque no te miro y no te miro porque no te veo. Es un gesto que cabría esperar de aquellos con los que la relación no ha sido fluida a causa de la idiosincrasia de cada uno y el roce diario, qué se le va a hacer, pero se da incluso entre algunos con los que la relación fue muy cordial, de los que se guarda buen recuerdo y, desgraciadamente en muchas ocasiones, con determinadas personitas a las que se les echó una mano más allá del estricto deber y de lo que la justicia y la equidad aconsejaban, con los que hubo manga ancha, o incluso por los que se luchó, se abogó y se convenció a quienes no estaban tan dispuestos a dejar pasar por alto el no-hacer, la indolencia e incluso la ineptitud en su acepción primaria: no apto.

Así es... o no....

Comentarios

  1. Tuve que ir a ver burdegano al diccionario

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    2. "Burdégano", con tilde en la "e". Para estos casos yo recomiendo buscar en las imágenes de google; suele quedar todo bien clarito:

      https://www.google.es/search?q=burd%C3%A9gano&rls=com.microsoft:es&oe=UTF-8&startIndex=&startPage=1&um=1&ie=UTF-8&hl=gl&tbm=isch&source=og&sa=N&tab=wi&authuser=0&ei=UrzaUKqiFcmJhQfahID4BA&biw=1366&bih=681&sei=WbzaUJ7RLM6T0QXBp4HwAw

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  2. ¡Cuántas veces tengo discutido sobre el tema de los saludos! Saludar es la más básica y barata muestra de educación, que distingue a una persona decente de un cretino. Retirar el saludo conscientemente da lugar a una situación terriblemente incómoda tanto para el que lo niega como para el que no lo recibe: una sensación parecida a los “silencios de ascensor”, sin saber adónde mirar ni qué hacer.
    Sin embargo, como antigua alumna, tengo problemas con los profesores ya mayores que encuentro en ocasiones por la calle. Es una situación violenta; sé a ciencia cierta que ellos no me recuerdan, pero yo sí, por lo que en ese instante que pasa entre que visualizo a la persona y el momento en el que nos cruzamos, me debato entre lo siguiente: ¿pesa más la pertinencia y efectividad del saludo o la tranquilidad de mi conciencia y mi sentido del buen hacer? El saludo no será efectivo, ya que la otra persona no me recordará y quizás se sienta incómoda y desconcertada ante una “extraña” que se muestra cortés con ella, pero dejar de saludar me convertiría en una cretina... En conclusión, a veces saludo, otras no, pero mi decisión no es trivial, si no el resultado de un arduo proceso de estrujamiento de sesos en un corto espacio de tiempo ;) ;)
    Quizás a tu alumno le ocurrió lo mismo, je, je, je :D:D

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  3. Yo creo que cuando uno ha hecho lo que tenía que hacer y ha obrado de buena manera puede tener la conciencia tranquila en ese sentido. El que es desagradecido y lo demuestra con hechos como el que comentas es el que realmente tiene un problema que debe resolver. No te quedes con las cosas negativas ,como el alumno que puede denegar un saludo en un momento dado a pesar de incluso habérsele ayudado en su día más de lo necesario y si con otros casos,que habrá seguramente muchos,como el mio que hace no mucho te vi por plaza América con tus hijos seguramente de camino a Balaidos ya que había partido y la multitud iba en esa dirección e intenté maniobrar con la moto a más no poder para saludarte sin ser al final posible al perderte de vista entre la gente.

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    1. Pues tienes razón, Alberto... pero no deja de molestar un poquito.

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  4. Me he visto muchas veces en esa situación. Me duele más cuanto más esfuerzo he dedicado a ayudar a esos alumnos. Sin embargo, también he vivido la situación contraria: el alumno de hace años que se ha molestado en contactar conmigo para contarme cómo le va y agradecerme lo que he hecho por él. En ocasiones me recuerda por detalles o palabras que le ayudaron aunque no fui consciente de ello en el momento. O el alumno actual que reconoce mi trabajo, mi esfuerzo o mi cariño hacia ellos y es capaz de expresarlo. Hoy mismo, me ha sorprendido ver que, sin decir nada, varios han percibido en mí un mal día y, de una forma u otra, me lo han hecho ver e incluso han conseguido hacerme reír. Ellos me han alegrado la mañana con sus bromas y energía. Son parte de lo que me mantiene joven mentalmente, viva, ajustada un mundo que de otro modo con la edad se me escaparía. Y uno solo de ellos compensa cien torceduras de cara, mil disgustos en clase, las extrañas re acciones de algunos padres que nos ven como el enemigo, la, decepción ante la falta de valoración de nuestro trabajo y muchas otras cosas que hacen que la vida de un profe no sea fácil.

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