Adiós al quidditch de competición


El pasado viernes 28 de diciembre Cedric Diggory compareció en rueda de prensa en el hotel Araguaney de la capital para hacer pública su renuncia al quidditch de competición. Como es sabido, Diggory era capitán del equipo de Hufflepuff, en el que ocupaba la demarcación de buscador.

Visiblemente molesto y contrariado, Diggory inició su comparecencia, que llegó a ocupar los primeros puestos entre los trending topics nacionales durante buena parte de la tarde-noche, declarando «Enhorabuena a todos. Ya tenéis lo que queríais. Lo habéis conseguido, sí señor. Os tengo que felicitar. Me marcho. Estoy de este jueguecito y de su deleznable entorno hasta el mismísimo moño. Hala, quedáoslo enterito para vosotros. No me siento ni cómodo ni a gusto en este ambiente, y lo mejor será abandonarlo a nivel competitivo. Con el paso del tiempo se ha ido haciendo cada vez más evidente que aquí yo molestaba, que no me aceptabais, porque tanto vosotros como yo sabíamos que este no era mi sitio, que aquí no era más que un advenedizo y un intruso. Así que me voy. Adiós. Es uno de mis propósitos para este año nuevo».


Cedric Diggory a punto de iniciar su rueda de prensa
«Por supuesto, la crisis económica que nos están imponiendo a los paganos de siempre ha tenido un peso determinante a la hora de tomar esta decisión, qué duda cabe... El material hay que renovarlo, los desplazamientos cuestan lo suyo y a todo eso muchas veces hay que sumarle gastos de alojamiento y manutención. Por no hablar de las cuotas de inscripción... hay que ir sumando, hay que ir sumando, porque parece que es poca cosa, oyes, pero al final te sientas a hacer cuentas y números cantan... como se viene oyendo últimamente con mucha frecuencia, no se puede gastar más de lo que se tiene, ¿verdad? Me dejaron hacerme a la idea, me dieron la ilusión durante un tiempo pero ya decidieron que no más. Además, ya le estoy dedicando a esto demasiado tiempo... y el verdadero precio que estoy pagando es la cantidad de vida que me estoy dejando aquí».

A preguntas de los medios de comunicación Diggory, que se fue soltando a medida que iba avanzando su intervención, afirmó que «en lo económico y en lo material no tengo quejas de mi club, no; es cierto que se podrían haber estirado un poco más, sí.... supongo que siempre hay áreas en las que se puede mejorar, claro, pero bueno, en estos tiempos que corren a quien Dios se la dé, San Pedro se la bendiga... Eso sí, en lo humano ya es otra cosa, eh... mucho interés en mi continuidad nunca han demostrado... el que no haya ningún representante del club en esta rueda de prensa yo creo que ya es bastante indicativo, digo yo... y ya puestos, para qué lo vamos a negar, algo de favoritismo también había... yo no tenía el mismo peso que otros, no, jopé, no os riáis, no le estoy llamando gordo a nadie, jejeje, pero qué bandidos, qué malos sois los de la prensa... luego vais a poner que yo dije y que tal y tumba, que repito lo que ya he dicho montones de veces, que yo solo soy responsable de lo que digo, no de lo que vosotros entendéis».

«¿Deporte de caballeros, dices? ¿De honor? ¿Aquí, en nuestro país? Pero bueno, pero bueno, hombre, pero bueno... anda ya... jajajajaja, no me hagáis reír, pero qué cuajo tenéis, hombre... Este deporte está plagado, qué digo yo plagado, em-bos-ca-do, de piratas, de tramposos y de trileros, que ríete tú de la contabilidad creativa de la banca española en aquellas famosas pruebas de stress que pasaron todos cum laude hace un tiempo. Será deporte de caballeros allá donde lo inventaron, nos ha jodido, mira tú, o en países nórdicos y anglosajones, porque lo que es por aquí.... miña madriña querida... cuánto motorista hay, y cuánto suspenso en matemáticas daría yo, joé, que parece que algunos no saben contar más allá del 4».

«¿Un paso atrás, decís? Hombre, depende de como se mire. Sí, visto así, sí que es un paso atrás, pero bueno, en eso soy un experto yo, ¿en dar pasos atrás? Sí, hombre: campeón de siete parroquias, yo. Eso sí, la pachanguita ocasional entre amigos seguiré echándola, era lo que faltaba, eso no me lo podréis quitar, o participaré en amistosos y benéficos, pero de la competición oficial ya no quiero saber nada más, nada, sanseacabó... me jugaré con los colegas lo mítico, a ver quién paga el té con pastas y esos rollos».

«¿Paciencia? ¿Más paciencia aún? Pero hombre, por favor, por favor, estamos buenos. ¿Que espere? ¿Pero que espere a qué, pero qué me estáis contando? Hasta aquí hemos llegado, vaya, hombre. Todo el mundo diciéndome que espere, que mañana, que mañana, joer, no acaba de llegar nunca el mañana ese del que me hablan todos».


El momento más tenso de la comparecencia, en medio de un profundo silencio solo interrumpido por los leves chasquidos de los flashes de las cámaras y por algún que otro tono de entrada de mensaje telefónico, fue cuando Diggory aludió a los estamentos que rigen los destinos de su deporte: «Sí, sí, sí: os lo digo ya, con claridad, sí, esto lo quiero dejar muy clarito: ellos son uno de los principales culpables de mi renuncia a la competición. Que no, Daniel, que no, que no me des pataditas por debajo de la mesa, que no me voy a callar, rábanos. Que sí, que ya sé que lo haces por mi bien, que me embalo y me pierde la lengua, ya lo sé, pero déjame, que yo controlo y que además hay que decirlo. Sí, bueno, a lo que iba: Un coto privado. Al que dice una palabra más alta que otra, a ese lo marcan, y ese pasa para para el ghetto, directo a la Habitación 101 con Winston y Julia, y así aprendes a cerrar la boca y a no meterte con el establishment. Y así, como quien no quiere la cosa, eh, castigo contingente, directo y contundente: ¿que hablas? Pues toma, zas en toda la boca. Desapareces del mapa más rápido que un disidente de una fotografía manipulada por el régimen stalinista. Y vamos a decirlo todo, ya que estamos: unos cobardes, sí, sí, os lo repito bien alto y claro y silabeando: ¡CO-BAR-DES! Por meterse y ensañarse con los pequeños, con los indefensos y los inocentes. Y que no se puede jugar con las ilusiones de la gente, hombre. Déspotas con el débil y zalameros aduladores serviles, vaselínicos, con el poderoso. Porque hay que ver las cosas que yo he visto, eh, los gritos, los abusos y las amenazas, y si me apuras hasta las bofetadas y collejas escondidos detrás de setos y tuyas, bueno, y a veces hasta sin esconderse, así, en público, sin vergüenza ni maquillaje ni anestesia... eso sí, después una sonrisita de aquí no ha pasado nada y qué felices somos , pero bueno, un día uno va a sacar la katana y van a rodar cabezas... no, no, hombre, yo no, no me mires así, no, hombre ¡Que yo soy inofensivo! ¡Que aquí me tienes: tirando la toalla, que yo ya no la monto, que ya me cansé de pelear! Me refiero, escúchame, a que un día a esos a los que les zumban cuando la cagan, porque en este deporte la cagas continuamente, eso ya lo sabéis, pues un día a esos pobres se les va a cruzar un cable, a ver si me entiendes, se les va a acabar la paciencia y se revuelven y le van a dar un escobazo fino a los que los maltratan, que se lo tienen bien merecido, por otra parte, por déspotas, chuletas y abusones ¿Que no lo saben eso los que mandan? Venga ya, hombre, venga ya, pero si aquí nos conocemos todos. Si aquí ya se sabe de qué pie cojea cada uno, pero, claro, con esos no hay narices a meterse. Lo que pasa es que como uno es discreto y se calla y no quiere molestar, pues por eso se ceban con uno... llevan sus venganzas personales privadas al terreno de lo público, porque hay que decirlo, eh, eso hay que decirlo, y para quieto ya, Daniel, no me dés más codazos por lo bajinis, ese tinglao está sostenido con fondos públicos ¿no? Debería regirse entonces por la igualdad y la equidad, que esa es otra. Pero no, no: presiones, apaños, amaños, componendas, detectives... todo eso, a la orden del día, el cortijito de unos amigos, vamos, que todos los animales somos iguales, pero algunos animales son más iguales que otros. Y manejados por el lobby pijo elitista y chauvinista ese, sí, esos, los muy conocidos, los de toda la vida, los de los apellidos rancios de alta alcurnia, sí ,sí, los que dicen que lo que pasa es que les tenemos envidia y que bastante hacen con dejarnos participar, que se las dan de muy finos, pero no dejan de ser otros aldeanos más, que os lo digo cantando, si queréis: you might be a big fish in a little pond, doesn't mean you've won, 'cause along may come a bigger one... And you'll be lost... Lo que pasa es que, y esto les jode, pero bueno, es lo que hay y por ese aro tienen que pasar: nos necesitan, ay, claro, eso les jode: a la plebe nos necesitan, sí. Nada... lo que yo os diga, todo falso, de cartón-piedra: no pueden hacer una liga con solo 2 o 3 participantes. Nos necesitan a los demás de comparsas, a mayor gloria de las figuritas de siempre. Necesitan participantes para rellenar, figurantes para hacer bulto y darle un realce y un sentido a la cosa esta, pero está todo el pescado vendido, sota, caballo y rey, y de ahí no se puede salir uno, que somos figurantes de esos de los que no tienen ni una mísera línea en el guión, una mierda, vamos, pero que vayan a reírse y a tomarle el pelo y a aprovecharse de otro».

Ya puesto en pie, Diggory cerró su comparecencia con cierta resignación sentenciando con parsimonia,  sorna y con un punto de cinismo desencantado: «En fin, amigos, esto es lo que hay: son unos mezquinos, hombre, esa es la palabra, mezquinos y ruines, pero qué bajeza y pequeñez moral.... no, no, no, no señor, no, no tienen la categoría para que yo me manche más la boca con ellos. Aquí lo dejamos. Gracias a todos por venir a escucharme».

Por una vez, entre los efectivos de la prensa desplazados para la ocasión se produjo unanimidad total, y despidieron a Diggory puestos en pie con una cerrada y calurosa ovación.

Así es... o no...

Comentarios

Entradas populares de este blog

El suicidio de Evelyn McHale

Oro en cretinismo periodístico

Felicidade